8 P.M. Las clases habían acabado y Naomi esperaba ansiosa el poder disfrutar lo que ella consideraba era una muestra de su esfuerzo de la semana.
“No es por ser mala onda, pero, ¿no poder comer otra cosa?” Amelia comentó mientras observaba la extensa fila enfrente de ellas. La fila se hacía infinita frente a ella, simplemente la señalética de la luz improvisada que era el foco viejo del carrito de comida, le daba una vaga idea de la distancia que faltaba.
“Siempre dices la misma cosa, ¿alguna sugerencia?” Maya respondió de manera gruñona mientras prestaba atención a las pálidas facciones del rostro de Amelia.
“Además, no es como que haya muchas opciones cerca. Ya estamos aquí, ¿no puedes esperar solo un poco?” Naomi entró a la conversación, girando levemente su cuerpo hacia el par. “¿O es que los esquites es una comida poco sofisticada para tu paladar?” Dijo con una sonrisa burlona de por medio.
“Ya callate, no es eso. Y ustedes par de taradas saben perfectamente que he comido cosas peores que ustedes no podrían soportar.”
“¿En serio?, dinos un ejemplo.” Naomi soltó una carcajada, notando como el rostro de Amelia comenzaba a volverse rojo de la pena y enojo. Maya siguió molestando, logrando que ambas entrarán en un breve enfrentamiento.
Naomi giró su cuerpo nuevamente hacia la fila, observando cómo la diminuta figura semejante a un humano que portaba el mismo uniforme que ella parecía salir despachado del carrito con un contenedor completamente blanco en sus manos, antes de desaparecer en la oscuridad de la noche.
“...Eso ni siquiera es comida, ¿por que diablos lo comiste?”
“¡Era un maldito reto!, no todo tiene que tener una explicación lógica” Amelia gruñó de frustración, sacando de su bolsa un pequeño celular de teclas del cual parecía tener atado a una de sus esquinas un pequeño ser sonriente.
“Veo que te siguen gustando esas cosas. ¿Es de un nuevo bonche?”
“¡Si!, es muy lindo. Me salieron de un paquete de donas que compré en la semana. ¿No es lindo?”
“¿Quieres mi respuesta sincera?”
“Chicas, ya estamos avanzando. Levanten sus mochilas.” Naomi dio un par de pasos mientras cargaba con flojera su pesada mochila del suelo. Al dejarla caer, observó a las piedras del pavimento de la carretera salir volando por el peso.
Naomi regresó su mirada al extremo de la fila. El pequeño foco que iluminaba a su alrededor no era la única luz que estaba presente en el oscuro panorama. Las luces de la entrada de su preparatoria seguían encendidas, la vieja plaza que se encontraba enfrente tenía su cálida luz anaranjada aún encendida. Naomi comenzó a mirar más a su alrededor, percatándose de los pequeños detalles que en su camino de ida omitía. La carretera peligrosamente cercana a la banqueta, el canal completamente vacío en medio de este, incluso los mismos grupos de estudiantes que se juntaban antes y después de las clases. Naomi no lo admitiría, pero disfrutaba darse cuenta de esto, de lo que omitía cuando su rutina la tenía al límite. Cuando caminaba hacia la escuela, cuando hacía tarea, incluso cuando tenía que pelear contra seres mitológicos. El hecho de darse cuenta donde estaba parada le daba una cierta tranquilidad.
“¿Naomi?, ¿escuchaste lo que acaba de decir Maya?” Naomi regresó a sus cinco sentidos, ocultando brevemente su sonrisa inconsciente.
“¿Ahora con qué tontería nos deleitó Maya?” A Naomi le parecía gracioso como ambas solían molestarse constantemente, Maya claramente no disfrutaba cuando las burlas dejaban de ser para Amelia o la propia Naomi.
“¡Callate!, no escuchó, no debes repetirlo.” Maya intentaba cubrir su coartada, con bastante dificultad. Amelia quería aguantarse la risa para poder soltar el secreto de la chica, pero le era imposible.
Naomi intentaba aguantar la risa hasta que un ligero sonido de cascabeles resonó dentro de ella. Era una alerta. El broche de su cabello comenzó a brillar intermitentemente, sin saberlo conscientemente, había llegado la hora. En sus manos se materializó un enorme martillo. Los lazos que enrollan su mango brillaban con la intensidad que solo el oro podía igualar.
Detrás de ella, en la mano libre de Amelia aparecía su espada ropera en un plateado brillante y pulido. Mientras que en Maya se hacía presente su gastado y cortante lanza de gran tamaño, que podía intimidar a cualquier bestia.
“Demonios, ¿Coyo no te advirtió de algún Xol o si?”
Naomi intentó recordar algo de su conversación con la diosa, pero sus recuerdos se vieron interrumpidos al observar cómo el astro lunar encima de ellas comenzaba a cambiar de manera violenta. Todos los estudiantes, al igual que el dueño del carrito corrieron a ponerse a salvo, dejando únicamente al trío en aquella calle vacía.
El cielo oscuro cambiaba violentamente, pasaba repentinamente de la oscuridad reconfortante y misteriosa, a un brillo penetrante y siempre vigilante. No era un día soleado de repente, simplemente había luz, una luz que parecía tomar poder alrededor del trío.
“¡¿Por qué hoy!? Ahhh” Naomi grito desesperada, sosteniendo con firmeza su martillo en su hombro derecho.
Maya en un movimiento veloz y elegante, atrapó las tres mochilas que se encontraban tiradas en el piso y las lanzó con firmeza a un lado de la baqueta, lo suficientemente lejos como para que sufrieran un daño. Amelia y Naomi solo miraron con incredulidad a la chica, la cual solo suspiro de vergüenza.
“A diferencia de ustedes, yo no puedo darme el lujo de que se vuelva a romper otra mochila.”
Un fuerte grito sorprendió a las chicas, frente a ellas, una enorme bola de fuego similar al sol tomó por completo su visión. El fuego moviéndose tan cerca de ella la aterraba, pero era lo suficientemente mágico e irreal como para evitar quitarle los ojos de encima.
La bola de fuego comenzó a partirse a la mitad, dejando al descubierto una enorme criatura cuadrúpeda. No era un animal o similar, su cuerpo estaba compuesto de luz blanca intensa líquida. Al tocar el suelo una de sus piernas, esta parecía estar al borde de derretirse. No tenía rostro sino simplemente un cúmulo de raíces que brotaban de lo que ellas suponían era la frente de su cuerpo.
Naomi estaba nerviosa, su respiración era irregular, su corazón parecía estar al borde de salir por impulso. Creía que conforme pasaba el tiempo estaría acostumbrada a esto. Jamás lo estaría.
Instintivamente, Maya y Amelia comenzaron a caminar alrededor de la bestia, dejando frente a este únicamente a Naomi.
La bestia no parecía entender que sucedía, simplemente se limitaba a observar su alrededor. Hasta que, en lo que creían era su cuello, una enorme boca se hizo presente, sus dientes babeaban la misma sustancia luminosa, pero había algo más, al abrirse gritos de dolor se hicieron presente.
“A tu señal Naomi” Dijo suavemente Amelia. Naomi tomó su martillo con firmeza y comenzó a caminar hacia la bestia.
Dio pasos cortos pero seguros. El olor a la criatura sería algo que toda creación de Huitz tenía. Carne quemada.
La bestia rápidamente se percató de quien se encontraba ahí. Dio un fuerte estruendo, levantándose en dos patas antes de abrir abalanzarse hacia Naomi.
“¡Ya!” Naomi logró esquivar de último momento la mordedura que sus filosos dientes intentaron darle. Maya rápidamente tomó impulso con su lanza para poder colocarse encima de su cuerpo, montando a la criatura. Amelia por su parte corrió a ayudar a Naomi.
“¿Todo bien?” Naomi asintió, levantándose rápidamente.
Maya clavó su lanza en la espalda de la bestia, ocasionando que soltara un fuerte grito de dolor ante la punzada. Intentó deshacerse ella corriendo y saltando, pero Maya logró aferrarse a su arma enterrada en la piel gelatinosa.
Naomi corrió hacia la criatura con su martillo en ambas manos, tomó la velocidad necesaria para aplicarle un fuerte golpe en una de sus patas traseras, ocasionando que esta se tambaleara momentáneamente mientras soltaba un fuerte grito de dolor.
Amelia comprendió rápidamente lo que aquella chica buscaba hacer, por lo que se acercó a su otra pata trasera, comenzando a atacar con estocadas y cortes las zonas que le ocasionan un daño significante. Maya, por su parte, seguía aferrándose con todas sus fuerzas a la espalda de la criatura. Sin embargo, su lanza no era lo suficientemente profunda como para soportar más tiempo, lo que la hizo caer rápidamente al concreto, junto a la bestia.
Naomi se apresuró a levantar a su amiga, prestando nuevamente atención a aquella bestia ahora inmovilizada.
“¿Qué demonios es eso? Huitz no suele ser tan específico con sus estúpidos monstruos.” Dijo Maya mientras se levantaba algo adolorida.
La bestia rugía de dolor, sus patas traseras habían sido completamente destruidas ante los ataques de las chicas, pero la batalla estaba lejos de terminar. Aquel ser comenzaba a derretirse rápidamente, ocasionando que la parte que le pertenecía a las piernas destrozadas fuera completamente evaporada. Sin embargo, el resto de su cuerpo comenzó a tomar la forma de muchos seres humanoides hechos de esa misma sustancia. Los Xol.
“Olvidenlo.”
Los Xol observaron a las chicas y corrieron a atacarlas mientras su boca partida se hacía presente. La falta de facciones de estos seres era algo que siempre le aterraba a Naomi.
Amelia fue la primera en defenderse. Mantuvo su mano izquierda detrás de ella mientras atacaba con cortadas y estocadas en puntos críticos de su cuerpo. Maya le siguió, logrando apilar a un grupo de Xol en su lanza con una fuerte carga. Naomi por su parte, se defiende con golpes lentos pero letales en los cráneos gelatinosos de aquellos seres.
“¡Estos Xol resisten más de lo usual!” Naomi gritó con cansancio. Maya con un rápido movimiento de su lanza se liberaba de los cuerpos inertes de aquellos seres, lanzándolos con fuerza al suelo. Únicamente para volverse a levantar con cientos de agujeros en su cuerpo derretido. Las chicas poco a poco recibían más golpes de los que propiciaban. Su uniforme azul fuerte poco a poco se comenzaba a cubrir de polvo y gotas de sangre que los afilados dedos de los Xol ocasionan.
Poco a poco, aquellas bestias comenzaban a acorralar al trío de chicas. Su cansancio y esfuerzos comenzaban a ser ineficientes, Huitz se estaba volviendo más poderoso, no sabían cómo, pero lo estaba siendo.
“No creo poder aguantar más.” Dijo Amelia intentando recuperar el aliento, únicamente para ser interrumpida por un Xol que intentó abalanzarse.
El trío de chicas chocaron de espaldas, observando cómo la horda de seres luminosos parecían estar a nada de arrebatarles la vida.
“¡Naomi!” Un fuerte grito desesperado se escuchó por fuera de la horda, golpeando con fuerza entre la horda. Una figura alta y delgada, vistiendo un traje femenino formal, cabellera castaña lisa y rostro cubierto se hizo presente. Sus armas eran una espada macuahuitl y un escudo enorme. Aquella mujer rápidamente comenzó a despachar a cada uno de los Xol con firmeza y brutalidad. Las diversas navajas de piedra oscura que adornaban cada parte de su arma se enterraban en los cuerpos de los seres para ser despedazados.
“¡Extremidades!, ¡no solo golpeen!”
Amelia rápidamente comprendió a qué se refería, acertando un fuerte corte en el brazo de uno de los Xol, observando como este comenzaba a retorcerse de dolor. Maya lo remató con una estocada en su cabeza, separándose de su cuerpo. Haciendo que su cuerpo se evapore rápidamente.
“¡Vamos!” Naomi se levantó apresuradamente, para propiciar un golpe en el estómago a uno Xol haciéndolo caer, Naomi aprovechó su vulnerabilidad para aplastar su cabeza.
Poco a poco, los Xol comenzaban a desaparecer ante la intervención de aquella figura. Naomi cruzó miradas con el rostro cubierto de la mujer. Una máscara completamente oscura cubría toda la facción, pero un simple detalle la sorprendió sobre su posible identidad. En su cuello portaba un collar muy específico que había observado en una persona.
“¿M-Maestra Alba?” Susurro, en un simple movimiento la figura se acercó a ella, levantando su espada. Naomi estuvo a punto de creer que iría tras ella, pero se sorprendió en el momento en que la espada aterrizó en el cuello de un Xol que estaba a nada de atacarla.
“No te detengas.” Naomi se quitó rápidamente, para observar como su arma estaba profundamente encajada en su cuello del Xol. La mujer dio un último empujón fuerte, decapitándolo.
Poco a poco, aquellas figuras luminosas habían sido reducidas a mero polvo brilloso alrededor de todo el suelo pavimentado.
Naomi intentó recuperar el aliento, cerrando sus ojos un momento. Huitz se estaba haciendo más fuerte, no debían confiarse. Por poco acaban con ellas ahí mismo.
“Hey, ¿estás bien?” La mujer enmascarada le ofreció una mano a Naomi, está con una sonrisa la aceptó.
“Huitz está tras ustedes, les sugiero que no solo ataquen. Deben ser feroces si quieren sobrevivir a él.” Maya y Amelia se acercaron a Naomi, recargándose en su hombro.
“No estaré ahí para ayudarlas. Consideren esto una excepción.”
El cielo iluminado poco a poco comenzaba a cambiar a la oscuridad de la noche. Los ojos de Naomi pudieron descansar levemente al recordar la oscuridad fría y relajante regresando a su normalidad.
Aquella figura miró a su alrededor, antes de asentir su cabeza al trío. Caminando lentamente fuera de su alcance. De un momento a otro, el trío estaba de vuelta a la silenciosa, fría y familiar calle en la que se encontraban antes.
“¿Alguien sabe quien era ella?”
“Yo no, pero peleaba con brutalidad, tal vez deberías aprender algo Maya.” Dijo Amelia, golpeando levemente su hombro.
“¿De qué hablas? Tengo una maldita lanza, que más brutal hay que eso”
Naomi solo miraba el lugar en el que aquella mujer desapareció, la razón en sus palabras la aterraba y motivaba a la vez.
“Lamento haberte hecho salir de tu retiro. Las chicas estaban expuestas y con Huitz al acecho, mi poder se debilitaba cada vez más.”
Una voz proveniente de un lago se comunicaba con tranquilidad y paz con aquella mujer enmascarada.
“No hay problema. Pero, debes comenzar a presionarlas más para mejorar, Huitz es despiadado. No tendrá compasión por ellas.
“Lo comprendo. Al final del día, es mi hermano. No pueden correr el mismo riesgo que sufrieron ellas.”
La mujer enmascarada suspiro ante el recordatorio de una herida pasada.
“Lo lamento Alba.”
“No pasa nada…Al final del día, debemos hacer algo.”
La mujer enmascarada retira su cubierta, antes de tomar asiento al borde del lago. Observo el reflejo de la luna sobre este, aquel astro gigante brillando con cuidado sobre todos.
“Necesitan una maestra. No solo dentro de su educación.”
“Lo sé…”
Naomi comía su vaso con esquites con tranquilidad. Quería disfrutar cada grano de maíz cocido junto al polvo que no picaba. A diferencia de Amelia, quien ya había terminado su propio vaso.
“¿Cuál es la prisa Amelia?” Dijo Naomi bromeando.
“Tengo que llegar a casa cuanto antes. Mis papas van a regañarme si vuelvo a llegar después de las 10.”
“Son las 9.”
“Exacto. Ya voy tarde, y el último camión está por pasar.” Amelia tomó su mochila y se la colocó en su espalda. “Las veré el lunes. Espero que ningún maldito monstruo arruine mi fin de semana.”
Naomi y Maya se despidieron de Amelia, quien se apresura a caminar hacia la parada más cercana.
“Creo que también me voy. Tengo que levantarme mañana lo más temprano posible. Debo ayudarle a mi papá en su trabajo.” Maya dio un último sorbo a su comida, antes de colocarse su mochila cubierta totalmente de polvo de los Xol. “Sin mencionar, que debo lavar esta cosa. ¿Y tú?”
Naomi suspiro levemente, miró hacia el cielo. Observando a la luna brillar intensamente. Su brillo le daba tranquilidad, la protegía.
“Si, ya vámonos. Estoy harta."
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