Otras partes de mi mente

miércoles, 18 de junio de 2025

Maya trabaja de mesera en el restaurante de su mamá.

 


Maya no podía ignorar el sueño. Anoche había llegado tarde por culpa de ciertas personas en cierta preparatoria. Sus ojos le pesaban, su mente daba un millón de vueltas y a pesar de todo, se encontraba a punto de gastar su único sábado libre en el restaurante de su madre.

“¿Por qué no podía quedarme en casa? Estoy cansada de todas las cosas de la escuela” Gruño Maya mientras se colocaba su delantal, sus manos atorándose en el cuello eran un claro indicativo de su poca disposición a trabajar.

“Tu y yo habíamos quedado en un trato. Mientras yo te diera dinero cada que vez que lo necesitarás, tu me ayudarías cada sábado. ¿O es que olvidas cuánto dinero me pediste el miércoles?” Su madre la miró con seriedad, su rostro completamente cubierto de sudor a pesar de no pasar de las siete de la mañana creaban en Maya algo de culpa.

“Si, si, ya entendí. ¿Al menos puedo hacerme algo para desayunar?”

“Déjame terminar de preparar el arroz. Y ponte una red en esos cabellos, no quiero que llenes de cabello la comida.”

El sol brillaba con intensidad, Maya no sabía si debía preocuparse o alegrarse. Observó su pulsera por un momento, la media luna que formaba la piedra preciosa de este parecía crear un reflejo de ella misma, la piedra selenita se posaba firme ante su función.

Sus pensamientos se desvanecieron en el momento que un señor bajito en un atuendo lleno de manchas grises entraba por la gran entrada del local de comida, su cuerpo estaba cubierto por una misteriosa niebla que le cubría especialmente el rostro, únicamente podía distinguir un mostacho corto en sus labios superiores. Rápidamente Maya reacciona y se levanta de su banco para correr a atender al hambriento cliente, tomando un menú improvisado cubierto de plástico.

“Voy a llevar tres desayunos Metztli. Solo que no se tarden mucho, tengo algo de prisa.” Maya asintió mientras terminaba de anotar en su pequeña libreta de comandas. Miro de reojo al señor, la niebla en su rostro brillaba en destellos de estrellas, sus facciones eran irreconocibles ante la oscuridad profunda de su rostro. Solo asintió antes de caminar de regreso a la cocina.

“Ma, orden.” Maya gritó mientras colocaba la comanda en la barra frente a la estufa. La chica simplemente regresó a su asiento en su banquillo y esperó a la próxima orden.

La chica miró nuevamente al adulto bajito, había tomado asiento en una de las muchas mesas del local antes de quitarse su gorra vieja, intentó acomodar el poco pelo que tenía antes de notar la televisión encendida en la pared. El señor prestó atención al mismo programa que todas las mañanas pasaban en ese canal, un simple concurso de un adulto mayor vestido como niño. Las risas simplemente salían a través de la espesa niebla estelar, que parecía palpitar y girar alrededor de él. No como una presencia maligna, sino como una capa que parecía protegerlo.

Una breve vibración le regresó la atención del televisor para notar cómo es que su celular de bolsillo había recibido un mensaje por SMS. Al sacarlo de su bolsillo de su pantalón simplemente suspiro al ver el nombre de Amelia plasmado en la pantalla.

“okupada? cine?” Amelia escribió, sus faltas ortográficas eran preocupantes a su parecer, pero entendible cuando era por celular. Maya soltó una pequeña risa antes de comenzar a teclear los botones numéricos en busca de las letras adecuadas para que al menos fuera coherente su mensaje.

“trabajo. y naomi?” Maya envió su mensaje, rezando inconscientemente para que aún tuviera algo de saldo. Sino, quedaría como alguien mala onda, más de lo que la gente ya solía describirla.

“Okupada, suerte en el trabajo. ╭∩╮( •̀_•́ )╭∩╮”

“¡Orden lista!” La mamá de Maya gritó mientras colocaba los recipientes de plástico llenos de su comida. Maya se levantó de su asiento y se los entregó al señor que aun seguía distraído por el televisor.

“Serian 200” El señor asintió, sacando de su mochila vieja su cartera, dándole a la chica la cantidad exacta, no sin percatarse de que las manos del señor estaban completamente cubiertas de pequeños fragmentos de esa niebla, parecían querer evitar que fueran expuestas. El señor tomó sus cosas y se dispuso a salir de inmediato. Maya colocó el dinero en la caja detrás del mostrador y recargó brevemente su rostro en la madera de la barra.

“¿Tan pronto te cansaste?” Bromeó su madre mientras sostenía la escoba y el recogedor en sus manos. Maya rápidamente entendió y gruñó antes de tomar ambos.

La gente venía y se iba, siempre con algo de niebla en su cuerpo. A veces en sus piernas, otras en sus brazos, o en todo su cuerpo.

“Muchas gracias señorita.” Una señora ya mayor le entregaba a Maya un par de monedas doradas. Maya no pudo evitar sonreír levemente ante el gesto, mientras observaba cómo la anciana salía del negocio acompañada de su esposo igual de mayor. Ambos estaban cubiertos por la misma neblina, la cual únicamente cubría a sus manos sujetadas.

“Nada mal para ser una empleada temporal, ¿no crees?” Gritó su madre desde la delgada pared falsa que dividía la cocina del comedor principal. Maya guardó rápidamente sus monedas en el bolsillo de su delantal, caminando hacia su madre en la cocina.

“¿Si me vas a pagar el día?”

“¿No te das con las propinas?”

Maya miró a su madre con su característico rostro serio. Sus facciones amenazantes dejaban en claro su descontento ante sus “bromas”.

“Claro que sí, debes estar agradecida que no tienes problemas con esos piercings tuyos en la preparatoria, no dan la pinta de ser higiénicos y mucho menos para un local como este” Maya suspiró comprendiendo claramente a qué se refería, iniciando una de las muchas peleas interminables entre ambas.

“¡Los piercing no son sucios! Además, no es como que vaya a tocar la comida con mi nariz o algo así”

“Tal vez no literalmente pero si le entregas a un cliente una orden y te ve…así, pues claramente no tendrá la mejor impresión”

Maya gruñó antes de cubrir su rostro con sus manos en frustración. Su madre solo rió antes de golpear suavemente su cabeza con un par de guantes de látex.

“Te toca limpiar los trastes antes de que lleguen más clientes.”

Maya asintió derrotada antes de colocarse los húmedos guantes en sus manos, mientras observaba de reojo a su madre cocinando con un rostro alegre. No se había dado cuenta antes pero, su madre parecía no estar cubierta de aquella niebla estelar.

Le parecía extraño, todas las personas lo tenían. Incluso sus amigas aunque en menor medida, pero, ¿su madre? Maya observó de pies a cabeza su cuerpo, ni siquiera una señal de algo que delatara una mínima presencia de la niebla.

“¿Estás bien?, ¿Por qué me miras así?”

“No—No es nada.”

Hubo una pausa breve, el sonido de la cerámica y una cazuela hirviendo era lo que se interponía de lo que en su lugar sería un silencio absoluto.

“¿Y qué tal la escuela?, ¿sigues saliendo con tus amigas después de clase?” Preguntó su madre, mirando de reojo a la chica concentrada en su deber, aunque no con su rostro más motivante.

“Si, de vez en cuando comemos al salir, aunque siempre hay largas filas sea a donde sea que vayamos. Intentamos variar pero Amelia no toma en cuenta que no tenemos tanto dinero como ella. De hecho, hace rato me preguntó si quería ir al cine con ella.” Su madre rió ante su comentario.

“Así que por eso estabas con tu Cacahuatito. Me imagino que por lo que me cuentas tu amiga Amelia parece ser algo…excéntrica. ¿Y tu otra amiga?, ¿Naomi, cierto?” Maya asintió. “¿Sigue en su taller de dibujo?”

“Oh—No, creo que se salió. Falta de tiempo supongo.” Maya suspiro algo cansada, secándose su sudor de la frente con su brazo.

“Es una pena. Es lo malo de estar en finales de semestre, siempre es lo más difícil.”

“Ni lo digas, cada día es más insufrible. ¿Recuerdas cuando ibas a la preparatoria?” Su madre negó con su cabeza.

“Cuando salí de Tapatochtli, mi padre nos trajo aquí a Arcos, no teníamos dinero para meternos a estudiar. Ni mis hermanos y mucho menos yo. Únicamente podíamos trabajar con mi papá en el mercado, mientras mi mamá se quedaba en casa cuidando el hogar.” Maya miró sorprendida a su madre.

“No fue hasta que conocí a tu padre que pude terminar la secundaria ya mayor, en esas secundarias que pueden hacer gente de mi edad. De hecho, estaba embarazada de ti cuando me gradué. Supongo que aprendiste desde antes conocimiento que viste cuando la cursaste, por eso se te facilitó” Su madre guiño su ojo mientras le sonreía a Maya.

“Pero entonces, ¿no estudiaste nada cuando eras niña?”

“Solo la primaria, era lo único que había en Tapatochtli. Ya sabes que no es un pueblo muy moderno.”

“No se como mis tíos pueden vivir ahí, no tienen baños con agua.” Maya simuló querer vomitar, ocasionando que su madre riera, antes de ponerse seria por un momento.

Maya observó a su madre cuidar de una sopa que estaba preparando con una sonrisa inconsciente que había adquirido de su pequeño intercambio.

“La vida no era tan mala haya, simplemente no era lo que nadie esperaba. Simplemente el idioma, sabes que tu abuela habla Diidza Bejo, fuera de nuestro estado casi nadie más lo habla. ¿Qué futuro no esperaba? No podemos vivir como solíamos hacerlo antes, debemos adaptarnos.” Maya bajo su mirada al reflejo que el agua creaba. Su propio rostro, el reflejo de su madre y abuela.

“¿No te gustaría volver alguna vez?” Preguntó Maya regresando su mirada a su madre quien simplemente suspira antes de regresar su mirada a ella con una leve sonrisa forzada.

“Claro que sí, pero no tengo ya nada ahí que me haga volver. En cambio, aquí ya tengo una vida contigo y tu hermana. Toda la familia también está aquí, no—no hay nada que nos haga volver. Ya no.”

Maya no dijo nada, simplemente observó a su madre bajar su rostro mientras pasaba sus manos por su cabello oscuro. Percatándose especialmente de un brillo que creaba el anillo de su dedo anular.

“Está bien ma, aunque me gustaría al menos saber cómo era la casa de la abuela cuando eras niña. Para ver si mis tíos tenían razón al describirlo tan horrible.”

Su madre rió levemente antes de recuperar poco a poco su compostura.

“Ya veremos, pero te aseguro que esta mintiendo ese idiota.”

Maya rio ante el insulto gratuito hacia su tío. Guardaron un silencio relajante, el imaginar cómo era la infancia de su madre le parecía algo interesante a Maya, tal vez más en el futuro podría ir a Tapatochtli, tal vez ahí podría averiguar más sobre sí misma y tal vez un origen a sus habilidades. Todo mientras observaba a aquella niebla estelar hacerse presente en el pecho de su madre. Maya regresó su mirada a los trastes sucios, generando en ella un cansancio e irritación natural.

“Ma, ¿no puedo hacer esto después?”

“No, ya sabes que tenemos que estar pendientes de cualquier cliente y no podemos hacerlo si los trastes están sucios.” Maya gruñó antes de asentir nuevamente. “Y por cierto, piensa en cómo peinarte ese cabello, no me gusta como se te ve.”

“¿¡Qué?! Si no tengo problemas en la prepa, ¿por qué te molesta?”

“Pareces delincuente.”

Ambas comenzaron a discutir ante algo tan trivial como el peinado, sin saber que un cliente parecía escucharlas algo nerviosas y preocupadas por la gravedad de las palabras.

“¿Acaso la señorita Martínez abusa de sus empleadas psicológicamente?”

No hay comentarios.:

Publicar un comentario