Hace muchos
años, un hombre se aventuraba a una tierra que le prometía a las personas como
él un mejor lugar para desarrollarse, a un difícil costo.
Aquel
hombre tuvo que recorrer toda su tierra natal con los pies descalzos y sin
protección como una prueba de pureza para los guardianes que protegían la
frontera entre ambos mundos.
Tras pasar
por un frío intenso en las noches y un calor insoportable durante el día, aquel
hombre junto a otro grupo de aventureros se presentaban listos para el juicio
de los guardianes. Seres míticos con cabeza de águila y cuerpo gigante,
portaban armas poderosas en todo momento como señal de poder.
Uno tras
uno, los guardianes juzgaban a los aventureros. Miraban con sus penetrantes
ojos a cada uno de ellos, observando los motivos y la voluntad para entrar a su
tierra. Aquel hombre esperaba nervioso de pie, escuchaba el silbar de ira de
los guardianes a sus compañeros. Señal de desaprobación en la mayoría de los
casos.
Finalmente
llegó su momento, se presentó frente aquella figura intimidante y observó
directamente a sus ojos con seguridad. El guardián miró sorprendido la voluntad
de aquel aventurero, creando un interés en él.
El guardián
podía observar la vida entera del aventurero, su difícil vida desde niño,
llegando hasta su adolescencia en su pueblo natal, terminando en la aparición
de tres seres diminutos iguales a él, observando específicamente a una pequeña
niña.
Tras que el
guardián terminara su evaluación, simplemente silbo con el mismo enojo,
continuando con el siguiente sujeto.
El hombre
no necesitaba oír otra cosa, su acceso había sido negado. El enojo dentro de él
comenzó a crecer, pero al mismo tiempo una determinación que no le impediría
cruzar hacia aquella prometida.
Esa noche,
tras reunirse nuevamente con aquellos rechazados por los guardianes, idearon un
plan para entrar por un medio que nunca nadie había pensado. Nadarían a través
del mar entre mundo, el cual funcionaba como frontera entre su mundo y el de
ellos. No sería un viaje fácil, ya que, al encontrarse entre el borde de ambos,
aquellos viajeros que no lograron cruzar con anterioridad buscarán impedir que
otros logren hacerlo. Sin pensarlo dos veces y viendo que la derrota no sería
una opción, aquel hombre soltó su mochila, dejó sus cosas en el suelo y entró
en la fría agua oscura del mar. Los demás, observando la falta de opciones decidieron
seguirlo. Teniendo todos en mente una única regla. No detenerse.
Todos los
viajeros se veían reflejados en los cientos de cuerpos que flotaban en el mar,
personas como ellos que buscaban algo mejor no solo para ellos, sino para
aquellos que no se veían obligados a hacer este viaje. El atravesar aquel mar
ya no era solo por ellos, sino por esos cientos de aventureros que perecieron
en el intento.
Las mareas
comenzaban a volverse violentas, junto un espectáculo completamente de luces
parecía querer cobrar la vida de aquellos que osaban invadirlo. Un remolino
comenzaba a hacerse presente en medio del grupo, intentando arrastrarlos a su
fin. Los aventureros se rehusaban a ver su final, pero la curiosidad y el miedo
de aquellas luces hizo que unos miraran a estas. El hombre se giró rápidamente,
observando a distintos aventureros sucumbiendo a las aguas, aquellas luces al
mirarlas causaban que estos se detuvieran en seco, permitiendo que la infinidad
de manos los atraparan en las fauces del mar.
Analizando
la situación, nado de regreso hacia sus compañeros intentando hacerlos entrar
en razón, hasta que por error una de estas luces se reflejó en sus ojos.
Haciéndolo
entrar en un trance profundo.
Ya no era
actor, sino un espectador de una situación ajena a él. En esta visión
simplemente podía observar a dos siluetas familiares sentadas en la barra de un
bar, una de estas siluetas humanas vestía un curioso chaleco marrón, sin
embargo, su mayor característico era su prominente aura oscura que parecía
esconder sus facciones. Aquella figura se levantaba de su asiento con cierta
torpeza, caminando pocos centímetros detrás de lo que parecía ser su propio
cuerpo sentado. Intentó mantenerse de pie mientras desenredaba de su chaleco lo
que parecía ser un arma.
Aquel
hombre intentó nadar hacia aquella visión, pero pareciera que no se encontraba
con su cuerpo, como si aquello estuviera mostrándole aquel escenario por algo.
Poco a poco, lo que suponía que era su cuerpo flotando comenzó a relajarse, no
lucho por nada hacía aquella visión o por oxígeno, simplemente se dejó llevar.
La visión parecía ya no preocuparle, algo dentro de él parecía haber aceptado
sea lo que sea que fuera aquella ventana.
De repente,
aquel hombre y el resto de los aventureros despertaron en el borde de la marea
de la tierra prometida. Su cuerpo completamente mojado y cubierto de una
sustancia oscura que pareciera adherirse sobre sus espaldas mojadas, como un
recordatorio de lo que acaban de lograr aquella noche.
Pasó el
tiempo y el grupo comenzaba a disolverse, la suerte y la fortuna comenzaron a
inundar la vida de cada uno de aquellos aventureros, permitiéndoles a cada uno
buscar lo que ansiaban en esas tierras prometidas. Algunos encontraban el amor
y lograban asentarse en las tierras, otros trabajaron y lograron reunir
suficiente dinero como para vivir cómodamente el resto de sus vidas. En el caso
del hombre, este había logrado encontrar un trabajo que aceptaba a los que
vulgarmente se les conocía como “espaldas oscuras”.
El trabajo
era duro y cansado, pero la paga con los minerales más preciados hacía
totalmente que aquello valiera la pena. Lo que constantemente invadía la mente
de aquel hombre era el recuerdo de sus seres amados que había dejado atrás hace
ya meses.
Fue en este
periodo de trabajo donde conoció a un sujeto bastante familiar y extraño a su
vez. Durante una de sus rutinas de labor manual, el hombre estaba a punto de
caer por el peso de los materiales, cuando una silueta rápidamente entró en su
rescate. Su rostro era amable y parecía mostrar una compasión por la situación
en la que se hallaba, por lo que aceptó ayudarlo en el transporte del material
sin importarle si tuviera paga o no. Lo cual era curioso, ya que nadie
recordaba el momento en que aquella silueta había llegado al área de trabajo.
Había un
sentimiento constante de inconformidad por su presencia. Pareciera que no debía
estar ahí, no con él, sino en el entorno, no debía estar en el espacio
físico.
Poco a poco
comenzaban a salir con más frecuencia, su amistad era conocida entre la
comunidad de los “espaldas oscuras” y su compañerismo parecía sobrepasar el
área de trabajo.
Tras esto,
el hombre habiendo conseguido el dinero y los recursos necesarios para poder
dar un mejor hogar en su tierra natal, se dispuso a volver no sin antes ahora
poseer un caballo y una carreta en las cuales todas estas pertenencias yacían.
Su compañero se había apuntado para el viaje, sirviendo como excusa los
canallas que podían aprovecharse de su estado solitario para robarle todas sus
riquezas.
El viaje
fue largo y agotador, ambos pasaron por muchas amenazas naturales y humanas que
parecen dificultar el camino a casa. Pero a pesar de todas estas adversidades,
el hombre logró reunirse con su familia una vez más.
El hombre
les dio a todos sus regalos, además de platicar todas las travesías por las que
atravesó, omitiendo la parte del mar claro está. Sus hijos lo miraban con
asombro, su padre había logrado llegar a la tierra prometida, una proeza que
pocos podían lograr.
Tras que
los días pasaran en su tierra natal. Era momento de regresar al trabajo, debía
volver a la tierra prometida para seguir trayendo los beneficios a su familia.
No sin antes, prometerle a su hija e hijo mayores que la próxima ocasión, este
los llevara con él. Ambos hermanos aceptaron con orgullo y emoción.
La noche
antes de partir, el hombre había entrado a un bar junto a su compañero. Ambos
bebían y disfrutaban del placer de estar ahí presentes, el recorrido que había
logrado además del futuro que les esperaba. Sin embargo, un aire de
inconformidad parecía hacerse presente más y más. El hombre bebía, pero ya no
reía. Simplemente dejaba que la silueta hablara, hasta que llegó el punto donde
no dijo nada. La silueta se quedó callada ante la actitud del hombre.
-¿Eres tú
cierto?
La silueta
comenzó a levantarse de su asiento con torpeza, el alcohol en su sistema le
había pasado factura. El hombre no hizo nada por detenerlo. No sentía miedo o
peligro, tan solo la sensación de oscuridad en su espalda que comenzaba a
desaparecer poco a poco.
La silueta
se colocó detrás de él con torpeza, desenfundo poco a poco su arma y apuntó al
hombre. Este no hizo nada, simplemente bebió lo restante de su vaso antes de
darse la vuelta y mirar frente a la silueta. La presencia del mar. El costo de
haber cruzado el mar.
Solo sonrió
confiado de haberlo hecho, su momento había llegado, pero al menos había dejado
un precedente para sus hijos en el futuro. Un mejor lugar en donde caer que en
el que estaban antes de partir.
Se oyó un
disparo.
Lo pesado
cayó al suelo.
Una figura
se desvanecía en el aire como humo, al igual que un peso en la espalda de un
cuerpo inerte.
Un cambio
justo.
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