Otras partes de mi mente

jueves, 2 de enero de 2025

Un cambio justo

 

Hace muchos años, un hombre se aventuraba a una tierra que le prometía a las personas como él un mejor lugar para desarrollarse, a un difícil costo.

Aquel hombre tuvo que recorrer toda su tierra natal con los pies descalzos y sin protección como una prueba de pureza para los guardianes que protegían la frontera entre ambos mundos.

 

Tras pasar por un frío intenso en las noches y un calor insoportable durante el día, aquel hombre junto a otro grupo de aventureros se presentaban listos para el juicio de los guardianes. Seres míticos con cabeza de águila y cuerpo gigante, portaban armas poderosas en todo momento como señal de poder. 

Uno tras uno, los guardianes juzgaban a los aventureros. Miraban con sus penetrantes ojos a cada uno de ellos, observando los motivos y la voluntad para entrar a su tierra. Aquel hombre esperaba nervioso de pie, escuchaba el silbar de ira de los guardianes a sus compañeros. Señal de desaprobación en la mayoría de los casos. 

 

Finalmente llegó su momento, se presentó frente aquella figura intimidante y observó directamente a sus ojos con seguridad. El guardián miró sorprendido la voluntad de aquel aventurero, creando un interés en él.

El guardián podía observar la vida entera del aventurero, su difícil vida desde niño, llegando hasta su adolescencia en su pueblo natal, terminando en la aparición de tres seres diminutos iguales a él, observando específicamente a una pequeña niña.

Tras que el guardián terminara su evaluación, simplemente silbo con el mismo enojo, continuando con el siguiente sujeto.

El hombre no necesitaba oír otra cosa, su acceso había sido negado. El enojo dentro de él comenzó a crecer, pero al mismo tiempo una determinación que no le impediría cruzar hacia aquella prometida.

Esa noche, tras reunirse nuevamente con aquellos rechazados por los guardianes, idearon un plan para entrar por un medio que nunca nadie había pensado. Nadarían a través del mar entre mundo, el cual funcionaba como frontera entre su mundo y el de ellos. No sería un viaje fácil, ya que, al encontrarse entre el borde de ambos, aquellos viajeros que no lograron cruzar con anterioridad buscarán impedir que otros logren hacerlo. Sin pensarlo dos veces y viendo que la derrota no sería una opción, aquel hombre soltó su mochila, dejó sus cosas en el suelo y entró en la fría agua oscura del mar. Los demás, observando la falta de opciones decidieron seguirlo. Teniendo todos en mente una única regla. No detenerse.

Todos los viajeros se veían reflejados en los cientos de cuerpos que flotaban en el mar, personas como ellos que buscaban algo mejor no solo para ellos, sino para aquellos que no se veían obligados a hacer este viaje. El atravesar aquel mar ya no era solo por ellos, sino por esos cientos de aventureros que perecieron en el intento.

 

Las mareas comenzaban a volverse violentas, junto un espectáculo completamente de luces parecía querer cobrar la vida de aquellos que osaban invadirlo. Un remolino comenzaba a hacerse presente en medio del grupo, intentando arrastrarlos a su fin. Los aventureros se rehusaban a ver su final, pero la curiosidad y el miedo de aquellas luces hizo que unos miraran a estas. El hombre se giró rápidamente, observando a distintos aventureros sucumbiendo a las aguas, aquellas luces al mirarlas causaban que estos se detuvieran en seco, permitiendo que la infinidad de manos los atraparan en las fauces del mar.

 

Analizando la situación, nado de regreso hacia sus compañeros intentando hacerlos entrar en razón, hasta que por error una de estas luces se reflejó en sus ojos. 

Haciéndolo entrar en un trance profundo.

Ya no era actor, sino un espectador de una situación ajena a él. En esta visión simplemente podía observar a dos siluetas familiares sentadas en la barra de un bar, una de estas siluetas humanas vestía un curioso chaleco marrón, sin embargo, su mayor característico era su prominente aura oscura que parecía esconder sus facciones. Aquella figura se levantaba de su asiento con cierta torpeza, caminando pocos centímetros detrás de lo que parecía ser su propio cuerpo sentado. Intentó mantenerse de pie mientras desenredaba de su chaleco lo que parecía ser un arma.

Aquel hombre intentó nadar hacia aquella visión, pero pareciera que no se encontraba con su cuerpo, como si aquello estuviera mostrándole aquel escenario por algo. Poco a poco, lo que suponía que era su cuerpo flotando comenzó a relajarse, no lucho por nada hacía aquella visión o por oxígeno, simplemente se dejó llevar. La visión parecía ya no preocuparle, algo dentro de él parecía haber aceptado sea lo que sea que fuera aquella ventana.

 

De repente, aquel hombre y el resto de los aventureros despertaron en el borde de la marea de la tierra prometida. Su cuerpo completamente mojado y cubierto de una sustancia oscura que pareciera adherirse sobre sus espaldas mojadas, como un recordatorio de lo que acaban de lograr aquella noche.

Pasó el tiempo y el grupo comenzaba a disolverse, la suerte y la fortuna comenzaron a inundar la vida de cada uno de aquellos aventureros, permitiéndoles a cada uno buscar lo que ansiaban en esas tierras prometidas. Algunos encontraban el amor y lograban asentarse en las tierras, otros trabajaron y lograron reunir suficiente dinero como para vivir cómodamente el resto de sus vidas. En el caso del hombre, este había logrado encontrar un trabajo que aceptaba a los que vulgarmente se les conocía como “espaldas oscuras”.

El trabajo era duro y cansado, pero la paga con los minerales más preciados hacía totalmente que aquello valiera la pena. Lo que constantemente invadía la mente de aquel hombre era el recuerdo de sus seres amados que había dejado atrás hace ya meses. 

 

Fue en este periodo de trabajo donde conoció a un sujeto bastante familiar y extraño a su vez. Durante una de sus rutinas de labor manual, el hombre estaba a punto de caer por el peso de los materiales, cuando una silueta rápidamente entró en su rescate. Su rostro era amable y parecía mostrar una compasión por la situación en la que se hallaba, por lo que aceptó ayudarlo en el transporte del material sin importarle si tuviera paga o no. Lo cual era curioso, ya que nadie recordaba el momento en que aquella silueta había llegado al área de trabajo.

 

Había un sentimiento constante de inconformidad por su presencia. Pareciera que no debía estar ahí, no con él, sino en el entorno, no debía estar en el espacio físico. 

Poco a poco comenzaban a salir con más frecuencia, su amistad era conocida entre la comunidad de los “espaldas oscuras” y su compañerismo parecía sobrepasar el área de trabajo. 

 

Tras esto, el hombre habiendo conseguido el dinero y los recursos necesarios para poder dar un mejor hogar en su tierra natal, se dispuso a volver no sin antes ahora poseer un caballo y una carreta en las cuales todas estas pertenencias yacían. Su compañero se había apuntado para el viaje, sirviendo como excusa los canallas que podían aprovecharse de su estado solitario para robarle todas sus riquezas.

El viaje fue largo y agotador, ambos pasaron por muchas amenazas naturales y humanas que parecen dificultar el camino a casa. Pero a pesar de todas estas adversidades, el hombre logró reunirse con su familia una vez más.

El hombre les dio a todos sus regalos, además de platicar todas las travesías por las que atravesó, omitiendo la parte del mar claro está. Sus hijos lo miraban con asombro, su padre había logrado llegar a la tierra prometida, una proeza que pocos podían lograr.

 

Tras que los días pasaran en su tierra natal. Era momento de regresar al trabajo, debía volver a la tierra prometida para seguir trayendo los beneficios a su familia. No sin antes, prometerle a su hija e hijo mayores que la próxima ocasión, este los llevara con él. Ambos hermanos aceptaron con orgullo y emoción.

 

La noche antes de partir, el hombre había entrado a un bar junto a su compañero. Ambos bebían y disfrutaban del placer de estar ahí presentes, el recorrido que había logrado además del futuro que les esperaba. Sin embargo, un aire de inconformidad parecía hacerse presente más y más. El hombre bebía, pero ya no reía. Simplemente dejaba que la silueta hablara, hasta que llegó el punto donde no dijo nada. La silueta se quedó callada ante la actitud del hombre.

-¿Eres tú cierto?

La silueta comenzó a levantarse de su asiento con torpeza, el alcohol en su sistema le había pasado factura. El hombre no hizo nada por detenerlo. No sentía miedo o peligro, tan solo la sensación de oscuridad en su espalda que comenzaba a desaparecer poco a poco.

 

La silueta se colocó detrás de él con torpeza, desenfundo poco a poco su arma y apuntó al hombre. Este no hizo nada, simplemente bebió lo restante de su vaso antes de darse la vuelta y mirar frente a la silueta. La presencia del mar. El costo de haber cruzado el mar.

Solo sonrió confiado de haberlo hecho, su momento había llegado, pero al menos había dejado un precedente para sus hijos en el futuro. Un mejor lugar en donde caer que en el que estaban antes de partir.

 

Se oyó un disparo.

Lo pesado cayó al suelo.

Una figura se desvanecía en el aire como humo, al igual que un peso en la espalda de un cuerpo inerte.

Un cambio justo.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario