Otras partes de mi mente

martes, 31 de diciembre de 2024

odio a estefanía

Una simple luz iluminaba lo que parecía ser a simple vista un cuarto sin salida. En el centro podía observarse una figura sentada en una vieja silla de madera, atada de manos y con la cabeza apuntando hacia el suelo.

Dio un ligero paso hacia la luz antes de mirar desconcertada a su alrededor. No parecía haber algo más allá de ellos dos. Observó nuevamente a la figura, percatándose de su ropa. Un simple abrigo de tela beige junto a unos pantalones de mezclilla oscuros, sus pies carecían de calzado por lo que sus pies tocaban el sucio suelo de concreto húmedo.


La figura parecía despertar de un sueño infligido. La respiración relajada se hacía presente en su torso junto a leves movimientos de sus brazos, aún no estaba consciente de la situación en la que se encontraba. Simplemente, podía observar como el conocimiento llegaba a una figura tan alejada para ella. El oscuro cabello alborotado que ocultaba el rostro de la figura se acomodó de una forma en la que era visible sus facciones, en este caso, la falta de las mismas.

Su rostro parecía intentar asimilar el color de piel morena que ella poseía, pero no había nada más que el mero intento de imitación. La piel invadía como una capa el rostro, ocultando los principios del rostro humano. No ojos, ni boca, ni nariz, simplemente el mero intento de imitar algo, de imitarla a ella.

La patética criatura parecía reaccionar a su falta de fisonomía, parecía querer gritar, pero el espacio donde se suponía que debía estar su patética boca estaba vacío, solo parecía inflarse y desinflarse.

Ella podía asumir que el respirar para esa criatura era similar a tener una bolsa en tu cabeza, la capa de plástico entrando a tu boca y nariz, creando un bloqueo artificial al oxígeno tan valioso. Ahogándote en algo tan estúpido y común. Aunque, el constante palpitar de la sangre en su cuerpo daba a entender que no solo podía respirar sino que también estaba ahogándose con lo que sea que tenía dentro de sí.


Levantó levemente su labio, sintiendo el piercing en su nariz. El metal quirúrgico parecía ser indicio de lo que iba a pasar a continuación. A su derecha, una mesa de operación pareció moverse hacia la criatura desde el infinito que era la oscuridad que rodeaba a la fuente de visibilidad. Intentó girar su rostro para buscar a otra criatura o tan siquiera algo mínimamente humano, pero su visión era succionada por el vacío cuando apartaba su vista de la luz.

Se acercó a la mesa de operación, encontrándose con un martillo, colocado cuidadosamente sobre un pañuelo verde. Levantó su mirada hacia la criatura, percatándose de los mechones verdes que se encontraban a los costados de su rostro, antes de regresar su mirada al martillo.

Con cuidado, levantó el martillo de la mesa, analizándolo por un breve momento. No tenía un uso destacable, incluso la cabeza estaba lo suficientemente limpia como para mostrar levemente su silueta. Su piel morena podía observarse levemente, pero lo que llamó verdaderamente su atención, más allá de todo, era el grabado que tenía del costado derecho. 

“Sé”

Grabado de una manera bastante rústica.

Continuó analizando el martillo hasta que la figura la obligó a volverle a prestar su atención. Parecía desesperada, intentaba liberarse de sus ataduras y el constante flujo de sus líquidos internos comenzaba a invadir su inconsciente. Su carencia de emoción no hacía más que crearle un sentimiento de incomodidad creciente.

Parecía querer gritar, pero al intentar modular siquiera algo elegible, su garganta era invadida por sus fluidos, llevándola a un sufrimiento casi perpetuo. El escuchar todo el momento como algo se ahoga, la estaba llevando a un límite.


Volvió a mirar el martillo, ¿sería acaso una bendición si la sacaba de su sufrimiento? Eso intento decirse a sí misma, mientras movía uno de los mechones del rostro de la figura. No, algo dentro de ella sabía que quería hacer esto hace mucho tiempo. La molestia en las cortadas de su muñeca ya no era incómoda. Los fluidos moviéndose en esa capa de carne se reemplazaron por el latir veloz y violento que su corazón reflejaba. 

Levantó el martillo por un momento y la miró. Aquellas facciones faltantes ya estaban presentes en la figura, al oír las cuerdas vocales de la figur-

La cara del martillo golpeó la mandíbula de Estefanía. A través del mango pudo sentir como el hueso de su mandíbula rebota con el martillo, no lo suficientemente fuerte para quebrarla, pero sí para dislocarla de su lugar.

La sangre empezó a gotear de su labio. Intentó dar otro grito de dolor, pero nuevamente el impacto la hizo callar, no era profesional o tenía experiencia con los martillos y era demostrado en la forma algo torpe en la que impacta el metal con sus huesos, parecían traer más dolor que paz. Rápidamente, propició otro golpe ahora en su cabeza, principalmente en la parte parietal de su cráneo. 

No estaba segura, pero era posible que pudiera crearle una contusión. Miró al rostro de la figura, observando la sangre gotear de su nariz y boca, junto a su oscuro cabello ahora se encontraba cubierto de su sangre.

No perdió más el tiempo y comenzó a golpear cada vez más rápido su cráneo, cada rebote con su cabeza parecía sentir como su materia gris sufría dentro de la figura. Su rostro pasó de dolor intenso mientras lágrimas caían de sus ojos a simplemente perecer de toda emoción. La habitación silenciosa ahora era llenada con la carne machacada por el martillo.

Estefanía gritaba de furia a cada golpe que daba. Sus ojos se fruncían más y más, mientras sus golpes se llenaban de fuerza al igual que de torpeza. El dolor por el impacto ya no solo lo compartía el cuerpo ya inerte, sino también la mano que sujetaba el martillo.

Odiaba mirar su rostro, odiaba oírla gritar, odiaba su estúpido cabello, odiaba su estúpida ropa, odia las decisiones que había tomado, odiaba ver en lo que se había convertido, odiaba ver como el martillo le destruía su rostro, odiaba tenerle compasión, odiaba tener que hacerlo, odiaba no haberlo hecho antes, odiaba a Estefanía, Estefanía odiaba a Estefanía.


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