Otras partes de mi mente

lunes, 6 de enero de 2025

Pánico por el objetivo

 

Cuando el espacio era un vacío de oscuridad. Los seres celestiales crearon a unos sirvientes, llamados “formadores”, los cuales se encargarían de llenar este canvas vacío de luces con el fin de iluminar a los seres que poco a poco comenzaban a aparecer en las piedras gigantes que viajaban entre el universo.

Los seres celestiales les presentaron a cada uno de estos sirvientes un arco brillante de oro. Este arco tenía la capacidad de crear flechas tan brillantes que al chocar contra el firmamento, está implosionaría en su propio brillo y darían paso a la creación de una estrella. Su brillo radiante sería lo suficientemente poderoso para que incluso pasado su tiempo de vida, esas estrellas podrían seguir brillando a lo largo del vasto universo.

 

Esta sería una labor de millones de años, por lo que tomaría generaciones y generaciones de trabajo arduo y esfuerzo para lograr cubrir el firmamento. Con el paso del tiempo, este trabajo demostró ser más difícil de lo esperado. Algunas estrellas no tenían la suficiente fuerza como para soportar vivir lo suficiente, mientras que otras no se volvían estrellas completas, sino meros destellos momentáneos, esto como consecuencia de no haber perforado en una zona correcta del firmamento. Pero, entre estos casos, hubo varios que pudieron trascender entre los formadores. Los más capaces y determinados lograban crear no simplemente una estrella, sino un sol. Una masa tan gigante de luz que podía iluminar una infinidad de planetas por un periodo tan inimaginable de tiempo, que era algo impensable incluso para los seres celestiales. Por lo que, viendo la capacidad de los formadores más habilidosos, a estos soles se les nombró en su honor y sus leyendas transcurrieron incluso el tiempo y el espacio.

 

Uno de estos formadores observaba el firmamento brillar lentamente, su labor era tan agotadora como hermosa. Su precisión debía ser casi perfecta si quería que las estrellas brillaran con la intensidad que requieren los seres celestiales. Y el observar como lentamente su sector se llenaba de un mar de estrellas lo hacía sentirse orgulloso de su trabajo.

 

El formador tomó su arco firmemente y apuntó hacia el oscuro espacio. La flecha comenzó a formarse en el cuerpo de su arma, poco a poco la punta comenzó a volverse más afilada, mientras el astil se hacía cada vez más grueso, ocasionando que su arma pesara cada vez más y su precisión se viera comprometida. El tiempo pareció detenerse por un par de segundos, el formador podía observar un punto brillar a un gran distancia, simplemente ajustar su vista un poco, se dejó llevar por la corriente estelar de su alrededor y soltó la cuerda. La flecha volaba a gran velocidad, dejando tras de sí un rastro luminoso que parecía difuminarse poco a poco ante la distancia. El formador bajó su arco y observó como una bola de fuego se comenzaba a hacer grande, culminando en una pequeña explosión que sacudió levemente donde se encontraba. Había logrado que otra estrella naciera.

 

El formador continuó su trabajo a lo largo del cosmos. Disparaba con confianza y velocidad, dejando un rastro de nuevas estrellas que incluso a los más experimentados dejaba sorprendido, pero a todos dejaba la misma interrogante. ¿Cuándo lograría hacer su primer sol? ¿Siquiera había intentado antes hacer uno?

 

Lo que no sabían ellos era que constantemente intentaba esta proeza, cada día intentaba lograr lo que todos esperaban del, lo que Él esperaba de sí mismo, pero siempre había algo que lo detenía a medio camino, a medio disparo. Siempre había alguien detrás de él que parecía quitarle la confianza que acumulaba cuando preparaba su disparo certero. Su rostro estaba oculto, su rostro se fundía con la oscuridad del espacio que trataba de llenar. Su voz era ronca y parecía infundir una desconfianza cuando aparecía, logrando que incluso en tiros simples donde estrellas normales debían aparecer, se terminaran formando estrellas más pequeñas o incluso que no terminan de nacer.

 

Sus deseos por crear una estrella parecían ser cada vez más lejanos, siempre y cuando la presencia oscura continuará lanzando su influencia en él.

No fue hasta que un par de formadores más experimentados y con ya varios soles detrás de ellos que decidieron hablar con él, revelando una verdad que él parecía ignorar. Todos los formadores tenían detrás de sí una presencia como esa. El vacío del espacio había tomado una forma con el fin de que los formadores dejarán de expandir la luz que tanto detestaban. Pero cada formador debía enfrentarlos si buscaban expandir su potencial, y si este querían lograr crear un sol debía plantarle cara.

 

Decidido, con arco en mano se lanzó a una región donde las estrellas eran pocas. Lo suficiente para que esta presencia se hiciera presente de manera más física. A los ojos del formador no parecía ser más que una simple estela de humo oscuro flotando a su alrededor. Intentó dispararle con sus flechas, pero parecían ser demasiado débiles como para infligirle un daño considerable.

La ronca voz de este ser comenzó a invadir la mente del formador, no parecían tener un sentido, pero lograban desconcentrarlo de la batalla que ejercía. Ocasionando que las flechas que hace momento atrás había logrado rozar a la estela de humo, ahora simplemente fallaban. 

Su mente parecía llenarse de pensamientos para nada beneficiosos o que no tenían relación con lo que estaba sucediendo. A este punto parecía que perdería su habilidad con el arco a costa de este monstruo.

 

La estela se movía cada vez más rápido, estaba rodeándolo con su humo para que el poco paisaje de estrellas comenzará a desaparecer, encerrándolo en la oscuridad de su ser. Poco a poco sentía que se debilitaba más y más, fue aquí, donde decidió tomar una última decisión. 

Levantó su arco y comenzó a cargarlo con el máximo poder posible, cerró sus ojos e intentó dejar de lado todas aquellas voces que llenaban su mente. Se concentró lo mejor que pudo y en el momento en que su arco comenzó a pensar con el poder de la luz, abrió los ojos y todo comenzó a ralentizarse.

A través de la oscuridad, logró divisar un punto brillante tan diminuto que era casi imperceptible, pero que era su única esperanza. Sin dudarlo dos veces, soltó la cuerda de disparo y la flecha pareció viajar a través del ser sin que se percatara. Antes de que el frío de la oscuridad lo atrapara, una calidez que jamás había sentido lo hiciera recobrar las fuerzas poco a poco.

 

Abrió sus ojos lentamente, observando al ser oscuro desintegrarse frente a él, mientras una fuente de luz intensa se encontraba detrás de él. Un gigantesco sol se hacía presente, el sol que él había logrado crear.


viernes, 3 de enero de 2025

El album de la abuela

Mi familia había decidido quedarse en la casa de la abuela para presentar respetos a su reciente muerte, observar las cosas viejas que tenían y recordar esos momentos que ya no volverán. Cuando era más joven solía visitar mucho la casa de mis abuelos. La gentil cara de mi abuelo al recibirme en la entrada de su hogar será un recuerdo al que siempre miraré con cariño, mientras que, el rostro serio de mi abuela cuando me obligaba a tomarme una foto con su vieja cámara en un lugar completamente oscuro.

 

Mi abuelo se le había adelantado hacía años, pero pareció no afectar tanto como la pérdida de la abuela. Era raro, todos parecían tener en un altar a la abuela en todo momento, mientras que a mi abuelo solía reprocharle todos sus errores. Como si el hecho de ser la cabeza de la familia la excluyera de ser digna de recalcarle donde erraba. Puede que mi mente se encuentre algo difusa, hacía años que no los visitaba y lo último que recuerdo fue su rostro indiferente cuando el abuelo partió.

 

Cuando llegamos, todo el ambiente era pesado, de eso no cabía duda, pero el aire tenía algo, picaba con intensidad. Lo que causó que mis padres constantemente se encontraran tosiendo lo que ellos suponían era el polvo como consecuencia de la falta de cuidado. Decidí inspeccionar los pasillos de la vieja casa de concreto tras instalarme, los viejos muebles parecían encontrarse detenidos en el tiempo, decorados religiosos típicos de una familia típica, cruces y vírgenes mostrándose como un símbolo de unión y familia. Algo que mi abuela solía mencionar mucho cuando la visitábamos.

 

Intenté buscar alguna fotografía en el gabinete, incluso alguna simple imagen de la familia o de mi padre, pero para mi sorpresa la ausencia de estas era lo que hacía más ruido en una casa que se encontraba ya callada desde hace dos semanas.

 

Al darme por vencido, comencé a caminar lo que faltaba del pasillo, encontrando el cuarto en el que dormía mi abuela. Su vieja cama aún permanecía completamente tendida, las viejas y olorosas sábanas estaban en su lugar, todo arreglado, al igual que aquella puerta negra siempre cerrada. Pero algo llamó mi atención rápidamente, al centro de su cama, una simple caja de zapatos se hallaba como si nada.

Pareciera que alguien la había encontrado por algún lado de la casa y la olvidó por error en la habitación. Aunque inconscientemente creía que había sido la propia abuela quien la había dejado, como si supiera que su muerte se acercaba. Aleje esos pensamientos de mi mente y me senté en la cama lentamente, cuidando de no deshacer la cama tendida. Abrí con cuidado la tapa vieja y podrida de cartón de la caja de zapatos, siendo sorprendido por un fuerte aroma a podrido. Pude sentir como el vómito viajó con velocidad por toda mi garganta, deteniéndose antes de que pudiera expulsar todo. Poco a poco, el aroma desapareció siendo reemplazado por el recurrente picazón, y frente a mí un álbum de fotos apareció. Parecía estar cubierto de moho, además de estar al borde de quebrarse si no lo movía con cuidado. 

 

Pensé que aquí podría encontrar las fotografías que faltaban alrededor de la casa, al abrir su portada mohosa, me encontré con la primera fotografía. Era una mujer joven, suponía que mi abuela, cargando en sus brazos a un pequeño niño varón. Su rostro parecía ser de felicidad, pero pareciera que se veía obligada a cargarlo, su ceño fruncido lo evidenciaba. Le di vuelta a la página, encontrando del lado izquierdo ahora dos fotografías, en estas estaba el mismo pequeño quien asumió que era mi padre, montado en una bicicleta acompañado de un hombre de edad adulta sonriendo, era mi abuelo de mucho más joven. Ambos sonreían y parecían disfrutar el momento, la calidez del momento me hizo sonreír instintivamente. Sin embargo, aquel recuerdo pareció acabar al mirar a mi padre de pequeño llorando intensamente en la fotografía. No había nadie más, simplemente estaba él intentando ocultar sus lágrimas mientras daba un grito silencioso a mi perspectiva en el tiempo. Debajo de esta, sin embargo, podía verse nuevamente a mi abuela de joven, ahora posando junto a dos sujetos que recordaba vagamente, aunque sus nombres eran un misterio para mí. Era un gran contraste, entre ambas fotografías.

 

Intenté darle vuelta a la página, pero la voz de mi madre llamándome me hizo detenerme. Cerré el álbum y lo coloqué con cuidado en la cama, bajando a cenar.

 

La cena fue incómoda, mi padre parecía querer hablar de sus recuerdos de la infancia, pero pareciera que algo le impedía hacerlo, a mitad de una anécdota comenzaba a perder el hilo de lo que estaba contando hasta llegar al punto de quedarse callado. Mi madre constantemente acariciaba su mano debajo de la mesa, como una forma de relajarlo al hablar. Tras que acabamos de cenar, mis padres nos permitieron levantarnos de la mesa, mi hermano tomó su propio rumbo hacia la sala mientras yo decidí seguir mirando aquellas fotografías.

 

Al entrar a la habitación, el aire por alguna razón comenzó a picar cada vez más, llegando al punto de hacerme estornudar y toser con más frecuencia. Me percaté que el álbum seguía donde lo había dejado, con la diferencia de ver la fotografía de mi padre llorando en el suelo. La recogí con cuidado de no arrugarla y la coloqué a un lado mío mientras tomaba asiento en la cama nuevamente. Tenía unos momentos antes de que la luz natural del sol abandonara la habitación.

 

Abrí el álbum donde lo había dejado, mirando la fotografía de la abuela nuevamente abrazando a esas dos figuras por lo que rápidamente le di la vuelta. Tres fotografías se encontraban entre las hojas. La primera fotografía era mi abuela posando con su mismo rostro serio junto a mi padre ahora mayor, a su lado contrario, mi abuelo abrazaba con una sonrisa en su rostro a mi padre. Contrastando entre ambos su actitud. Debajo de esta, se encontraba la segunda fotografía, en esta mi padre posaba con una chica, ella lo tomaba del brazo y recargaba su cuerpo al de él. Me costó un poco de trabajo, pero la reconocí como mi madre cuando era más joven, ambos parecían no ser mayores a 20 años, parecía ser una simple fotografía de dos jóvenes enamorados, sin embargo, lo que llamaba más la atención eran los constantes rayones que se encontraban sobre el rostro de mi padre y mi madre. Al igual que una breve elevación a lo largo de la fotografía. Saque con cuidado la fotografía de su protección y acaricie con cuidado la zona, se sentía como si alguien hubiera escrito detrás de esta. 

Le di la vuelta a la fotografía, encontrando una simple frase bastante amenazante.

“Eres mi sangre aunque no nos guste”

El mensaje parecía estar dirigido a alguien y aunque no me gustara pensarlo, tal vez se refería a mi padre. Tal vez ocurrió algo que hizo a mi abuelo o abuela haber escrito esto.

 

Sin embargo, lo tétrico de las fotografías no había hecho más que comenzar, al darle vuelta a la siguiente página, únicamente me encontré con un compendio de fotografías de una puerta negra cerrada. Esa misma puerta cerrada de la habitación en donde me encontraba, las consiguientes imágenes continuaban siendo las mismas, página tras página, fotografía tras fotografía, eran simplemente el retrato de la misma puerta negra.

En ese momento, la puerta comenzó a ser azotada desde dentro, gritos de desesperación comenzaron a oírse del otro lado de la puerta. Me levanté de la cama y corrí hacia la puerta, intenté abrirla, pero no algo parecía evitar que girara el picaporte. Los gritos continuaron a hacerse cada vez más desgarradores, las cuerdas vocales comenzaban a deteriorarse cada segundo, volviéndose simplemente ronquidos de ayuda. Los azotes se hicieron más violentos, más fuerza se aplicaba a la puerta en un intento de salir, mi corazón latía de miedo, no sabía que estaba pasando, corrí de regreso a la cama y mire una última vez al álbum.

Ahora únicamente se encontraban dos fotografías, era mi padre encerrado en un cuarto oscuro, sentado en posición fetal. Y a su lado, la última fotografía era de mí, intentando abrir la puerta desde dentro.

 

En ese momento, mi instinto me hizo salir del cuarto de la abuela. Lo que parecía ser la casa de la abuela, había sido reemplazado por una interminable oscuridad, me era difícil orientarme, pero podía distinguir una simple fuente de luz. Era la luz que sobresalía de un pequeño orificio, intente correr hacia ella, pero algo se aferraba a mí, manos me sujetaban de mis piernas y tobillos, intentando frenar mi progreso. Intenté gritar de desesperación, pero no tenía efecto más allá de lastimarme. 

Con todas mis fuerzas, logré llegar hasta la fuente de luz, notando que era el ojo de una puerta. Intenté golpearla para salir del vacío en donde me hallaba, pero no parecía funcionar, mi desesperación comenzó a crecer por lo que grite con todas mis fuerzas en un intento de que alguien me oyera. La picazón en el aire parecía quemar mi nariz y garganta al respirar, quemaba mi voz, me quemaba por dentro.

 

Poco a poco, la luz del ojo de la puerta comenzaba a desvanecerse, pareciera que sería mi fin. 

Hasta el momento en que la puerta se abrió de golpe, mi cuerpo que se encontraba recargado en la puerta cayó con violencia al suelo. Lentamente me levanté del suelo, observando que había vuelto a la habitación de la abuela, aunque alguien más estaba ahí.

Mi padre se encontraba sentado en la cama de la habitación mientras parecía observar algo quemarse. Rápidamente me levanté del suelo y me acerqué a él, percatándome que lo que estaba quemándose era nada menos que el álbum de fotografías. 

Lentamente me acerqué a él y me senté a su lado. Él me miró con su rostro algo melancólico, me sonrió levemente antes de abrazarme.


jueves, 2 de enero de 2025

Un cambio justo

 

Hace muchos años, un hombre se aventuraba a una tierra que le prometía a las personas como él un mejor lugar para desarrollarse, a un difícil costo.

Aquel hombre tuvo que recorrer toda su tierra natal con los pies descalzos y sin protección como una prueba de pureza para los guardianes que protegían la frontera entre ambos mundos.

 

Tras pasar por un frío intenso en las noches y un calor insoportable durante el día, aquel hombre junto a otro grupo de aventureros se presentaban listos para el juicio de los guardianes. Seres míticos con cabeza de águila y cuerpo gigante, portaban armas poderosas en todo momento como señal de poder. 

Uno tras uno, los guardianes juzgaban a los aventureros. Miraban con sus penetrantes ojos a cada uno de ellos, observando los motivos y la voluntad para entrar a su tierra. Aquel hombre esperaba nervioso de pie, escuchaba el silbar de ira de los guardianes a sus compañeros. Señal de desaprobación en la mayoría de los casos. 

 

Finalmente llegó su momento, se presentó frente aquella figura intimidante y observó directamente a sus ojos con seguridad. El guardián miró sorprendido la voluntad de aquel aventurero, creando un interés en él.

El guardián podía observar la vida entera del aventurero, su difícil vida desde niño, llegando hasta su adolescencia en su pueblo natal, terminando en la aparición de tres seres diminutos iguales a él, observando específicamente a una pequeña niña.

Tras que el guardián terminara su evaluación, simplemente silbo con el mismo enojo, continuando con el siguiente sujeto.

El hombre no necesitaba oír otra cosa, su acceso había sido negado. El enojo dentro de él comenzó a crecer, pero al mismo tiempo una determinación que no le impediría cruzar hacia aquella prometida.

Esa noche, tras reunirse nuevamente con aquellos rechazados por los guardianes, idearon un plan para entrar por un medio que nunca nadie había pensado. Nadarían a través del mar entre mundo, el cual funcionaba como frontera entre su mundo y el de ellos. No sería un viaje fácil, ya que, al encontrarse entre el borde de ambos, aquellos viajeros que no lograron cruzar con anterioridad buscarán impedir que otros logren hacerlo. Sin pensarlo dos veces y viendo que la derrota no sería una opción, aquel hombre soltó su mochila, dejó sus cosas en el suelo y entró en la fría agua oscura del mar. Los demás, observando la falta de opciones decidieron seguirlo. Teniendo todos en mente una única regla. No detenerse.

Todos los viajeros se veían reflejados en los cientos de cuerpos que flotaban en el mar, personas como ellos que buscaban algo mejor no solo para ellos, sino para aquellos que no se veían obligados a hacer este viaje. El atravesar aquel mar ya no era solo por ellos, sino por esos cientos de aventureros que perecieron en el intento.

 

Las mareas comenzaban a volverse violentas, junto un espectáculo completamente de luces parecía querer cobrar la vida de aquellos que osaban invadirlo. Un remolino comenzaba a hacerse presente en medio del grupo, intentando arrastrarlos a su fin. Los aventureros se rehusaban a ver su final, pero la curiosidad y el miedo de aquellas luces hizo que unos miraran a estas. El hombre se giró rápidamente, observando a distintos aventureros sucumbiendo a las aguas, aquellas luces al mirarlas causaban que estos se detuvieran en seco, permitiendo que la infinidad de manos los atraparan en las fauces del mar.

 

Analizando la situación, nado de regreso hacia sus compañeros intentando hacerlos entrar en razón, hasta que por error una de estas luces se reflejó en sus ojos. 

Haciéndolo entrar en un trance profundo.

Ya no era actor, sino un espectador de una situación ajena a él. En esta visión simplemente podía observar a dos siluetas familiares sentadas en la barra de un bar, una de estas siluetas humanas vestía un curioso chaleco marrón, sin embargo, su mayor característico era su prominente aura oscura que parecía esconder sus facciones. Aquella figura se levantaba de su asiento con cierta torpeza, caminando pocos centímetros detrás de lo que parecía ser su propio cuerpo sentado. Intentó mantenerse de pie mientras desenredaba de su chaleco lo que parecía ser un arma.

Aquel hombre intentó nadar hacia aquella visión, pero pareciera que no se encontraba con su cuerpo, como si aquello estuviera mostrándole aquel escenario por algo. Poco a poco, lo que suponía que era su cuerpo flotando comenzó a relajarse, no lucho por nada hacía aquella visión o por oxígeno, simplemente se dejó llevar. La visión parecía ya no preocuparle, algo dentro de él parecía haber aceptado sea lo que sea que fuera aquella ventana.

 

De repente, aquel hombre y el resto de los aventureros despertaron en el borde de la marea de la tierra prometida. Su cuerpo completamente mojado y cubierto de una sustancia oscura que pareciera adherirse sobre sus espaldas mojadas, como un recordatorio de lo que acaban de lograr aquella noche.

Pasó el tiempo y el grupo comenzaba a disolverse, la suerte y la fortuna comenzaron a inundar la vida de cada uno de aquellos aventureros, permitiéndoles a cada uno buscar lo que ansiaban en esas tierras prometidas. Algunos encontraban el amor y lograban asentarse en las tierras, otros trabajaron y lograron reunir suficiente dinero como para vivir cómodamente el resto de sus vidas. En el caso del hombre, este había logrado encontrar un trabajo que aceptaba a los que vulgarmente se les conocía como “espaldas oscuras”.

El trabajo era duro y cansado, pero la paga con los minerales más preciados hacía totalmente que aquello valiera la pena. Lo que constantemente invadía la mente de aquel hombre era el recuerdo de sus seres amados que había dejado atrás hace ya meses. 

 

Fue en este periodo de trabajo donde conoció a un sujeto bastante familiar y extraño a su vez. Durante una de sus rutinas de labor manual, el hombre estaba a punto de caer por el peso de los materiales, cuando una silueta rápidamente entró en su rescate. Su rostro era amable y parecía mostrar una compasión por la situación en la que se hallaba, por lo que aceptó ayudarlo en el transporte del material sin importarle si tuviera paga o no. Lo cual era curioso, ya que nadie recordaba el momento en que aquella silueta había llegado al área de trabajo.

 

Había un sentimiento constante de inconformidad por su presencia. Pareciera que no debía estar ahí, no con él, sino en el entorno, no debía estar en el espacio físico. 

Poco a poco comenzaban a salir con más frecuencia, su amistad era conocida entre la comunidad de los “espaldas oscuras” y su compañerismo parecía sobrepasar el área de trabajo. 

 

Tras esto, el hombre habiendo conseguido el dinero y los recursos necesarios para poder dar un mejor hogar en su tierra natal, se dispuso a volver no sin antes ahora poseer un caballo y una carreta en las cuales todas estas pertenencias yacían. Su compañero se había apuntado para el viaje, sirviendo como excusa los canallas que podían aprovecharse de su estado solitario para robarle todas sus riquezas.

El viaje fue largo y agotador, ambos pasaron por muchas amenazas naturales y humanas que parecen dificultar el camino a casa. Pero a pesar de todas estas adversidades, el hombre logró reunirse con su familia una vez más.

El hombre les dio a todos sus regalos, además de platicar todas las travesías por las que atravesó, omitiendo la parte del mar claro está. Sus hijos lo miraban con asombro, su padre había logrado llegar a la tierra prometida, una proeza que pocos podían lograr.

 

Tras que los días pasaran en su tierra natal. Era momento de regresar al trabajo, debía volver a la tierra prometida para seguir trayendo los beneficios a su familia. No sin antes, prometerle a su hija e hijo mayores que la próxima ocasión, este los llevara con él. Ambos hermanos aceptaron con orgullo y emoción.

 

La noche antes de partir, el hombre había entrado a un bar junto a su compañero. Ambos bebían y disfrutaban del placer de estar ahí presentes, el recorrido que había logrado además del futuro que les esperaba. Sin embargo, un aire de inconformidad parecía hacerse presente más y más. El hombre bebía, pero ya no reía. Simplemente dejaba que la silueta hablara, hasta que llegó el punto donde no dijo nada. La silueta se quedó callada ante la actitud del hombre.

-¿Eres tú cierto?

La silueta comenzó a levantarse de su asiento con torpeza, el alcohol en su sistema le había pasado factura. El hombre no hizo nada por detenerlo. No sentía miedo o peligro, tan solo la sensación de oscuridad en su espalda que comenzaba a desaparecer poco a poco.

 

La silueta se colocó detrás de él con torpeza, desenfundo poco a poco su arma y apuntó al hombre. Este no hizo nada, simplemente bebió lo restante de su vaso antes de darse la vuelta y mirar frente a la silueta. La presencia del mar. El costo de haber cruzado el mar.

Solo sonrió confiado de haberlo hecho, su momento había llegado, pero al menos había dejado un precedente para sus hijos en el futuro. Un mejor lugar en donde caer que en el que estaban antes de partir.

 

Se oyó un disparo.

Lo pesado cayó al suelo.

Una figura se desvanecía en el aire como humo, al igual que un peso en la espalda de un cuerpo inerte.

Un cambio justo.