Otras partes de mi mente

lunes, 6 de enero de 2025

Pánico por el objetivo

 

Cuando el espacio era un vacío de oscuridad. Los seres celestiales crearon a unos sirvientes, llamados “formadores”, los cuales se encargarían de llenar este canvas vacío de luces con el fin de iluminar a los seres que poco a poco comenzaban a aparecer en las piedras gigantes que viajaban entre el universo.

Los seres celestiales les presentaron a cada uno de estos sirvientes un arco brillante de oro. Este arco tenía la capacidad de crear flechas tan brillantes que al chocar contra el firmamento, está implosionaría en su propio brillo y darían paso a la creación de una estrella. Su brillo radiante sería lo suficientemente poderoso para que incluso pasado su tiempo de vida, esas estrellas podrían seguir brillando a lo largo del vasto universo.

 

Esta sería una labor de millones de años, por lo que tomaría generaciones y generaciones de trabajo arduo y esfuerzo para lograr cubrir el firmamento. Con el paso del tiempo, este trabajo demostró ser más difícil de lo esperado. Algunas estrellas no tenían la suficiente fuerza como para soportar vivir lo suficiente, mientras que otras no se volvían estrellas completas, sino meros destellos momentáneos, esto como consecuencia de no haber perforado en una zona correcta del firmamento. Pero, entre estos casos, hubo varios que pudieron trascender entre los formadores. Los más capaces y determinados lograban crear no simplemente una estrella, sino un sol. Una masa tan gigante de luz que podía iluminar una infinidad de planetas por un periodo tan inimaginable de tiempo, que era algo impensable incluso para los seres celestiales. Por lo que, viendo la capacidad de los formadores más habilidosos, a estos soles se les nombró en su honor y sus leyendas transcurrieron incluso el tiempo y el espacio.

 

Uno de estos formadores observaba el firmamento brillar lentamente, su labor era tan agotadora como hermosa. Su precisión debía ser casi perfecta si quería que las estrellas brillaran con la intensidad que requieren los seres celestiales. Y el observar como lentamente su sector se llenaba de un mar de estrellas lo hacía sentirse orgulloso de su trabajo.

 

El formador tomó su arco firmemente y apuntó hacia el oscuro espacio. La flecha comenzó a formarse en el cuerpo de su arma, poco a poco la punta comenzó a volverse más afilada, mientras el astil se hacía cada vez más grueso, ocasionando que su arma pesara cada vez más y su precisión se viera comprometida. El tiempo pareció detenerse por un par de segundos, el formador podía observar un punto brillar a un gran distancia, simplemente ajustar su vista un poco, se dejó llevar por la corriente estelar de su alrededor y soltó la cuerda. La flecha volaba a gran velocidad, dejando tras de sí un rastro luminoso que parecía difuminarse poco a poco ante la distancia. El formador bajó su arco y observó como una bola de fuego se comenzaba a hacer grande, culminando en una pequeña explosión que sacudió levemente donde se encontraba. Había logrado que otra estrella naciera.

 

El formador continuó su trabajo a lo largo del cosmos. Disparaba con confianza y velocidad, dejando un rastro de nuevas estrellas que incluso a los más experimentados dejaba sorprendido, pero a todos dejaba la misma interrogante. ¿Cuándo lograría hacer su primer sol? ¿Siquiera había intentado antes hacer uno?

 

Lo que no sabían ellos era que constantemente intentaba esta proeza, cada día intentaba lograr lo que todos esperaban del, lo que Él esperaba de sí mismo, pero siempre había algo que lo detenía a medio camino, a medio disparo. Siempre había alguien detrás de él que parecía quitarle la confianza que acumulaba cuando preparaba su disparo certero. Su rostro estaba oculto, su rostro se fundía con la oscuridad del espacio que trataba de llenar. Su voz era ronca y parecía infundir una desconfianza cuando aparecía, logrando que incluso en tiros simples donde estrellas normales debían aparecer, se terminaran formando estrellas más pequeñas o incluso que no terminan de nacer.

 

Sus deseos por crear una estrella parecían ser cada vez más lejanos, siempre y cuando la presencia oscura continuará lanzando su influencia en él.

No fue hasta que un par de formadores más experimentados y con ya varios soles detrás de ellos que decidieron hablar con él, revelando una verdad que él parecía ignorar. Todos los formadores tenían detrás de sí una presencia como esa. El vacío del espacio había tomado una forma con el fin de que los formadores dejarán de expandir la luz que tanto detestaban. Pero cada formador debía enfrentarlos si buscaban expandir su potencial, y si este querían lograr crear un sol debía plantarle cara.

 

Decidido, con arco en mano se lanzó a una región donde las estrellas eran pocas. Lo suficiente para que esta presencia se hiciera presente de manera más física. A los ojos del formador no parecía ser más que una simple estela de humo oscuro flotando a su alrededor. Intentó dispararle con sus flechas, pero parecían ser demasiado débiles como para infligirle un daño considerable.

La ronca voz de este ser comenzó a invadir la mente del formador, no parecían tener un sentido, pero lograban desconcentrarlo de la batalla que ejercía. Ocasionando que las flechas que hace momento atrás había logrado rozar a la estela de humo, ahora simplemente fallaban. 

Su mente parecía llenarse de pensamientos para nada beneficiosos o que no tenían relación con lo que estaba sucediendo. A este punto parecía que perdería su habilidad con el arco a costa de este monstruo.

 

La estela se movía cada vez más rápido, estaba rodeándolo con su humo para que el poco paisaje de estrellas comenzará a desaparecer, encerrándolo en la oscuridad de su ser. Poco a poco sentía que se debilitaba más y más, fue aquí, donde decidió tomar una última decisión. 

Levantó su arco y comenzó a cargarlo con el máximo poder posible, cerró sus ojos e intentó dejar de lado todas aquellas voces que llenaban su mente. Se concentró lo mejor que pudo y en el momento en que su arco comenzó a pensar con el poder de la luz, abrió los ojos y todo comenzó a ralentizarse.

A través de la oscuridad, logró divisar un punto brillante tan diminuto que era casi imperceptible, pero que era su única esperanza. Sin dudarlo dos veces, soltó la cuerda de disparo y la flecha pareció viajar a través del ser sin que se percatara. Antes de que el frío de la oscuridad lo atrapara, una calidez que jamás había sentido lo hiciera recobrar las fuerzas poco a poco.

 

Abrió sus ojos lentamente, observando al ser oscuro desintegrarse frente a él, mientras una fuente de luz intensa se encontraba detrás de él. Un gigantesco sol se hacía presente, el sol que él había logrado crear.


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