Cuando el
espacio era un vacío de oscuridad. Los seres celestiales crearon a unos
sirvientes, llamados “formadores”, los cuales se encargarían de llenar este
canvas vacío de luces con el fin de iluminar a los seres que poco a poco
comenzaban a aparecer en las piedras gigantes que viajaban entre el universo.
Los seres
celestiales les presentaron a cada uno de estos sirvientes un arco brillante de
oro. Este arco tenía la capacidad de crear flechas tan brillantes que al chocar
contra el firmamento, está implosionaría en su propio brillo y darían paso a la
creación de una estrella. Su brillo radiante sería lo suficientemente poderoso
para que incluso pasado su tiempo de vida, esas estrellas podrían seguir
brillando a lo largo del vasto universo.
Esta sería
una labor de millones de años, por lo que tomaría generaciones y generaciones
de trabajo arduo y esfuerzo para lograr cubrir el firmamento. Con el paso del
tiempo, este trabajo demostró ser más difícil de lo esperado. Algunas estrellas
no tenían la suficiente fuerza como para soportar vivir lo suficiente, mientras
que otras no se volvían estrellas completas, sino meros destellos momentáneos,
esto como consecuencia de no haber perforado en una zona correcta del
firmamento. Pero, entre estos casos, hubo varios que pudieron trascender entre
los formadores. Los más capaces y determinados lograban crear no simplemente
una estrella, sino un sol. Una masa tan gigante de luz que podía iluminar una
infinidad de planetas por un periodo tan inimaginable de tiempo, que era algo
impensable incluso para los seres celestiales. Por lo que, viendo la capacidad
de los formadores más habilidosos, a estos soles se les nombró en su honor y
sus leyendas transcurrieron incluso el tiempo y el espacio.
Uno de
estos formadores observaba el firmamento brillar lentamente, su labor era tan
agotadora como hermosa. Su precisión debía ser casi perfecta si quería que las
estrellas brillaran con la intensidad que requieren los seres celestiales. Y el
observar como lentamente su sector se llenaba de un mar de estrellas lo hacía
sentirse orgulloso de su trabajo.
El formador
tomó su arco firmemente y apuntó hacia el oscuro espacio. La flecha comenzó a
formarse en el cuerpo de su arma, poco a poco la punta comenzó a volverse más
afilada, mientras el astil se hacía cada vez más grueso, ocasionando que su
arma pesara cada vez más y su precisión se viera comprometida. El tiempo
pareció detenerse por un par de segundos, el formador podía observar un punto
brillar a un gran distancia, simplemente ajustar su vista un poco, se dejó
llevar por la corriente estelar de su alrededor y soltó la cuerda. La flecha
volaba a gran velocidad, dejando tras de sí un rastro luminoso que parecía
difuminarse poco a poco ante la distancia. El formador bajó su arco y observó
como una bola de fuego se comenzaba a hacer grande, culminando en una pequeña
explosión que sacudió levemente donde se encontraba. Había logrado que otra
estrella naciera.
El formador
continuó su trabajo a lo largo del cosmos. Disparaba con confianza y velocidad,
dejando un rastro de nuevas estrellas que incluso a los más experimentados
dejaba sorprendido, pero a todos dejaba la misma interrogante. ¿Cuándo lograría
hacer su primer sol? ¿Siquiera había intentado antes hacer uno?
Lo que no
sabían ellos era que constantemente intentaba esta proeza, cada día intentaba
lograr lo que todos esperaban del, lo que Él esperaba de sí mismo, pero siempre
había algo que lo detenía a medio camino, a medio disparo. Siempre había
alguien detrás de él que parecía quitarle la confianza que acumulaba cuando
preparaba su disparo certero. Su rostro estaba oculto, su rostro se fundía con
la oscuridad del espacio que trataba de llenar. Su voz era ronca y parecía
infundir una desconfianza cuando aparecía, logrando que incluso en tiros
simples donde estrellas normales debían aparecer, se terminaran formando
estrellas más pequeñas o incluso que no terminan de nacer.
Sus deseos
por crear una estrella parecían ser cada vez más lejanos, siempre y cuando la
presencia oscura continuará lanzando su influencia en él.
No fue
hasta que un par de formadores más experimentados y con ya varios soles detrás
de ellos que decidieron hablar con él, revelando una verdad que él parecía
ignorar. Todos los formadores tenían detrás de sí una presencia como esa. El
vacío del espacio había tomado una forma con el fin de que los formadores
dejarán de expandir la luz que tanto detestaban. Pero cada formador debía
enfrentarlos si buscaban expandir su potencial, y si este querían lograr crear
un sol debía plantarle cara.
Decidido,
con arco en mano se lanzó a una región donde las estrellas eran pocas. Lo
suficiente para que esta presencia se hiciera presente de manera más física. A
los ojos del formador no parecía ser más que una simple estela de humo oscuro
flotando a su alrededor. Intentó dispararle con sus flechas, pero parecían ser
demasiado débiles como para infligirle un daño considerable.
La ronca
voz de este ser comenzó a invadir la mente del formador, no parecían tener un
sentido, pero lograban desconcentrarlo de la batalla que ejercía. Ocasionando
que las flechas que hace momento atrás había logrado rozar a la estela de humo,
ahora simplemente fallaban.
Su mente
parecía llenarse de pensamientos para nada beneficiosos o que no tenían
relación con lo que estaba sucediendo. A este punto parecía que perdería su
habilidad con el arco a costa de este monstruo.
La estela
se movía cada vez más rápido, estaba rodeándolo con su humo para que el poco
paisaje de estrellas comenzará a desaparecer, encerrándolo en la oscuridad de
su ser. Poco a poco sentía que se debilitaba más y más, fue aquí, donde decidió
tomar una última decisión.
Levantó su
arco y comenzó a cargarlo con el máximo poder posible, cerró sus ojos e intentó
dejar de lado todas aquellas voces que llenaban su mente. Se concentró lo mejor
que pudo y en el momento en que su arco comenzó a pensar con el poder de la
luz, abrió los ojos y todo comenzó a ralentizarse.
A través de
la oscuridad, logró divisar un punto brillante tan diminuto que era casi
imperceptible, pero que era su única esperanza. Sin dudarlo dos veces, soltó la
cuerda de disparo y la flecha pareció viajar a través del ser sin que se
percatara. Antes de que el frío de la oscuridad lo atrapara, una calidez que
jamás había sentido lo hiciera recobrar las fuerzas poco a poco.
Abrió sus
ojos lentamente, observando al ser oscuro desintegrarse frente a él, mientras
una fuente de luz intensa se encontraba detrás de él. Un gigantesco sol se
hacía presente, el sol que él había logrado crear.
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