Otras partes de mi mente

jueves, 27 de febrero de 2025

Naomi y la Forastera (OneShot)

P. Picasso (1934), Two Figures [Oleo sobre Lienzo].

(Una pequeña colaboración con mi amigo Tacocoz, entre nuestros OC)


Naomi miraba atentamente al reflejo en el espejo. De todas las cosas raras que podía vivir en un día, estaba por debajo de los perros demoníacos. En el reflejo, no se encontraba ninguna de sus facciones, mucho menos algo que le recordará a su propia apariencia física, en cambio, se encontraba una chica cubierta de telas oscuras y manchas oscuras.

Su único ojo visible por el fleco castillo de su cabello aprecia seguir con la mirada a Naomi. Aquella figura tocó el espejo en un intento de averiguar qué estaba pasando. El mismo pensamiento se encontraba en ambas.

¿Quién demonios era esa chica?

Naomi invoco su martillo, sorprendido a la chica contraria la cual levantó su brazo derecho metálico en forma de defensa. Naomi intentó calmarla con un simple movimiento en sus manos, para tocar suavemente la superficie “reflejante” con su martillo. 

Estaba intrigada, ¿Acaso sería obra de Huitz?

Sin embargo, antes de que pudiera hacer más preguntas, un gruñido sofocante se hizo presente detrás de ella. Naomi giró rápidamente percatándose de los Xol, los sirvientes de Huitz, por lo que su investigación tuvo que detenerse momentáneamente.


Al otro lado del espejo, la forajida miraba curiosa como lo que parecía ser una estudiante peleaba con un par de seres completamente iluminados. La chica se quitó su sombrero de copa para acariciar su pegajosa melena, bromeó consigo misma de que tal vez la sangre no era un buen acondicionador. 

Sin embargo, por algún tipo de maldad que solo algo como EF podía ser capaz de hacer, una de las criaturas grotescas del páramo carmesí que era su hogar se hizo presente con un fuerte grito de dolor.

la forajida se colocó de nuevo su sombrero de copa, sintiendo como su bufanda comenzaba a enredarse encima de ella. Desenfundo su espada rápidamente, girándose para observar a uno de los muchos “cadáveres por fuera” flotando con rapidez hacia su ubicación. 

Su cuerpo piramidal invertido giraba velozmente gracias a la velocidad que alcanzaba, ocasionando que los órganos expuestos en su base se retorcieran con rapidez y violencia cada segundo que se acercaba.


Naomi golpeaba brutalmente a los Xol con su martillo pero sus ataques no parecían ser lo suficientemente efectivos, ocasionando que fuera acorralada en el espejo.

La forajida detuvo al “cadáver” con un simple bloqueo de su espada a la embestida qué su colosal cuerpo intentó hacer pero su fuerza parecía no detenerse, ocasionando que chocará por el impacto en el espejo.

Sin que ambas lo supieran, de un momento a otro el espejo comenzó a fragmentarse en ambas partes lentamente. Naomi giró rápidamente hacia la forajida, observando su mirada nerviosa. Dándose cuenta al mismo tiempo que el espejo estaba a punto de quebrarse, hasta que-.


Una explosión ocurrió en ambas partes del espejo. La forajida fue la primera en reaccionar, abriendo sus ojos lentamente para percatarse qué no estaba en su páramo apocalíptico. Naomi le siguió, levantándose del suelo con torpeza mientras su martillo se materializaba en sus manos, observando nada menos que un lugar completamente en blanco, y a su lado a aquella chica del espejo. Ambas se miraron curiosas, pero antes de que pudieran intercambiar palabras, uno de los gritos más terroríficos y nauseabundos resonó en sus odios. El blanco de la habitación comenzó a desaparecer, mostrando en su lugar un oscuro vacío, sin embargo, el origen de aquella falsa luz no era nada menos que aquel monstruo pirámide, el cual permanecía ahora fusionado grotescamente con los cuerpos de los Xol entre las tripas y cartílagos de aquella criatura.

Naomi contuvo sus ganas de vomitar al percatarse del olor de tripas en mal estado, sintiendo simplemente un par de palmadas en su espalda por parte de la forajida.

Ambas chicas, se miraron nerviosas. Observaron el arma de cada quien, plasmando ahora una sonrisa de confianza en el rostro del par.

Aquella forajida se lanzó primero al ataque, preparó su mítico revolver rosado y comenzó a disparar a los órganos expuestos de aquella criatura, usualmente comienzan a sangrar pero aprecian expulsar nada menos que un líquido brilloso que se asemejaba a luz pura.

Naomi le siguió por detrás, utilizando su martillo para impulsarse en el aire y comenzar a girar a gran velocidad. El sonido de la carne siendo aplastada por su martillo fue algo inesperadamente satisfactorio, aunque el grito consiguiente de la criatura no lo fue tanto. La forajida siguió su ofensiva y comenzó a infringir una gran cantidad de cortes en el cuerpo rocoso de la pirámide. Su objetivo, nada menos que distraerlo para que Naomi pudiera aplastar su punto débil.

Disparaba al ojo expuesto que aquella pirámide tenía, antes de ser golpeada con fuerza por una tripa, ocasionando que ésta fuera expulsada del combate.

Naomi miro esto e intento bajar para ayudarla pero esta misma tripa la atrapó con fuerza. Naomi intentó liberarse pero no podía, era demasiada presión para ella, en un movimiento inesperado, la pirámide comenzó a abrir la boca de una de sus caras, para lanzar a Naomi dentro.

La forastera miró esto y rápidamente preparó su revólver. Comenzó a correr a gran velocidad hacia la boca qué poco a poco se cerraba, disparando al ojos nuevamente, ocasionando que este fuera abierto nuevamente, permitiéndole entrar a su interior. Sin embargo, la pirámide cerró rápidamente su boca, atrapando a ambas chicas dentro.


El único sonido que estaba ahora presente era el de sus dañados órganos intentando no ahogarse en su propia sangre, pero posiblemente podría sobrevivir con ese nuevo poder que los Xol le habían conferido. 

Pero antes de que pudiera intentar buscar una forma de salir de ahí, una mano metálica salió de su punta invertida, ocasionando que la sangre iluminada de su interior saliera a borbotones. La pirámide simplemente cayó al suelo junto a sus órganos, los cuales poco a poco comenzaron a estallar.

Del cadáver de la pirámide, emergieron Naomi y la forastera, las cuales estaban completamente cubiertas de una mezcla de sangre y luz. Naomi intentó aguantar el vómito ante el desagrado del olor pero la forastera simplemente reía antes de limpiarse sus ojos con su bufanda.


Ambas miraron como en cada extremo del vacío un espejo con el respectivo reflejo de sus mundo se hacía presente. Naomi miró a la forastera de frente, mientras solo sonreía, mostrando lo filoso de sus dientes. Ambas chocaron los puños antes de entrar a los espejos, no sin antes mirar detrás de cada una a la otra.

miércoles, 19 de febrero de 2025

Árbol de Granadas


En la cima de una montaña en un lugar lejano yacía un pequeño árbol de granadas. Sus ramas se encontraban secas, sus hojas a punto de caer en su totalidad y su tronco parecía estar a punto de ceder ante el dolor de mantenerse a sí mismo en pie.

El pequeño árbol únicamente podía observar cómo los demás árboles de la montaña eran protegidos por unos curiosos seres alargados. Estos parecían regar y abonar a los diversos árboles por días, incluso logrando que muchos de estos llegaran a tener una altura similar a la de aquellas figuras.

El pequeño árbol soñaba día y noche porque uno de ellos se fijará en él. Asi, tal vez podría alcanzar a ser de su mismo tamaño, ¡o incluso podría llegar hasta el mismísimo sol!

Decidido, aquel árbol comenzó a llamar la atención de los muchos seres que día a día visitaban la montaña. Intentaba, arreglar sus ramas para hacerlas parecer menos secas, o incluso intentaba ajustar su propio tronco devuelta a su ángulo normal.

Los seres alargados parecían ignorarlo la mayor parte del tiempo, pero uno poco a poco se interesaba en el pequeño árbol moribundo. Dia tras día, el árbol observaba como este ser alargado parecía notar mas y mas sus esfuerzos por resaltar. Jamás podría olvidar el rostro de este ser, una sonrisa calidad como el propio sol que le daba vida y uno ojos que resaltaban una preocupación que ningún otro ser había prestado en él.

 

Un día, tras que el pequeño árbol intentaba volver a ponerse firme con su tronco, aquella figura se hizo presente. Su mano cálida atravesaba todas sus hojas con delicadeza, casi con preocupación de que un movimiento erróneo y una de sus ramas cayera rota en el suelo.

-Estarás mejor conmigo.- Dijo aquel ser antes de comenzar a regar al pequeño árbol,

El agua fría chocaba con todo su cuerpo, las gotas caían entre las hojas y las ramas, filtrándose entre la corteza de esta. El agua era algo que ansiaba con ganas, ya que era algo que no recibía con frecuencia, únicamente en días de lluvia. Pero para el árbol era más que simple agua, era la acción de que alguien como aquel ser se preocupara por su cuidado lo que lo hacía verdaderamente feliz.

Dia tras día, aquel ser visitaba al pequeño árbol con algo nuevo para cuidarlo. Algunas veces era el mejor abono que había sentido, otras veces era el agua más fría que sus ramas pudieran desear. Incluso había días donde simplemente se sentaba a la sombra de este a leerle o contarle sobre su día.

El pequeño árbol poco a poco comenzaba a transformarse en un firme y saludable árbol, cada vez más firme de su tronco. Pero lo mas emocionante para aquel árbol era que finalmente comenzaba a dar frutos. Las granadas más deliciosas y jugosas que cualquiera pudiera desear. Diseñadas específicamente para aquel ser, como una muestra de su afecto.

El ser parecía disfrutar aquella fruta tan exótica. Era deliciosa para su paladar, por lo que cada día, aceptaba con agrado las cinco granadas que con gusto el árbol estaba dispuesto a darle con todo el amor de su corazón.

Pero, fue justo ahí donde el árbol se dio cuenta de una terrible verdad. Conforme pasaban los días, aquel ser parecía querer más y más frutas. Al principio el árbol estaba encantado de darle lo que pidiera, al final del día el ser lo había cuidado, para el árbol era un intercambio justo.

El árbol notaba como de un momento a otro, el ser parecía únicamente visitarlo para obtener sus frutos. Ya no lo regaba, ya no parecía colocarle más abono, simplemente iba por su dotación de granadas.

El árbol estaba preocupado por su actitud, por lo que durante una de sus muchas visitas intento preguntarle que sucedía y porque la necesidad de tener en tantas cantidades la fruta que con todo el amor le producía. El ser se negaba a responder, pero el árbol insistió e insistió, hasta que en un ataque de nervios. Aquella figura cálida y amoroso mostro su verdadero ser.

Con una de las cuchillas que usaba para cortar la maleza que rodeaba al árbol, comenzó a herir el tronco del árbol. El árbol intento hacerlo entrar en razón para que se detuviera, ya que le estaba causando un gran dolor, pero simplemente no lo hizo. Antes de que esta volviera a partir con la dotación de grandas que le había entregado. El árbol observo la cicatriz que le había dejado.

Una simple letra fue suficiente para dejarle en claro al árbol que sucedía. “I”

Ahí todo quedo claro. Ese ser no amaba realmente al árbol, sino únicamente amaba lo que el árbol hacía por él. La fruta más exótica y deliciosa. La granada. Pero, curiosamente al mismo tiempo, el árbol comprendió que en verdad tampoco amaba a aquel ser. Sino que amaba como este le había estado cuidando, procurando y haciéndolo crecer.

El árbol estuvo meditando por días y noches que debía hacer. ¿Debía seguir dándole la granada a pesar de no sentir realmente nada por el?, ¿o debía marchase a pesar de todo lo que el ser había hecho por él?

Simplemente, un día aquel ser volvió a aquella montaña esperando recibir su dotación de granadas, pero únicamente se encontró con una pequeña bolsa llena de semillas de granada, donde se suponía que debía residir el árbol.

Era su forma de despedirse, de agradecerle incluso lo que hizo por él, aunque sus intenciones no fueran las mejores, para aquel pequeño árbol moribundo, fue un punto que le hizo ver lo más hermoso y lo más horrible de algo como el amor.

Pero, no por eso estaba agradecido de haber recibido esas gotas de agua fría aquella tarde calurosa cuando se conocieron.

lunes, 10 de febrero de 2025

Un Enfrentamiento entre Astros


Todo lo que podía observar Citlali eran muchas estrellas brillando con intensidad hacia ella. Quiso mover su brazo en un intento de atrapar una, pero parecía que su cuerpo se encontraba atrapado por una fuerza inhumana. Miró a su alrededor para notar como miles de Estrellas brillaban y se desvanecen para inmediatamente volver a encenderse, estaba muy confundida. Su mirada le pesaba más y más hasta que escucho muchas voces gritando un nombre raro. Polvo de Estrellas…¿Polvo de Estrellas?

Polvo de Estrellas reaccionó golpeando su estómago, permitiendo que su pierna fuera liberada del conteo, alejándose rápidamente de su contrincante. El público gritó de emoción ante la liberación de la joven promesa de una llave tan complicada como la que su contrincante había estado forzando en ella.

-¡Parecía que la victoria era para Vacío Negro, pero en un giro sorpresivo de eventos Polvo de Estrellas logro liberarse!

La chica respiró profundamente antes de mirar a su alrededor, recordando donde estaba y que pasaba. Pasó sus manos por su rostro rápidamente, sintiendo la lycra de su máscara pegada por el sudor de su rostro. Intentó limpiarse la nariz, pero un dolor intenso le impidió volver a tocarla, alejó poco a poco su mano para notarla llena de sangre de su nariz, su mano comenzó a temblar mientras intentaba centrar su vista en su oponente.

-Se supone que deberías estar inconsciente.

Polvo de Estrellas miro a su oponente correr hacia ella a gran velocidad, dándole unos pocos segundos para su siguiente movimiento. Con pocos instantes de reacción, se hizo a un lado y la tomó de su brazo izquierdo para lanzarla a una de las esquinas del cuadrilátero gracias a la inercia de la velocidad, dándole un espacio para respirar a Polvo de Estrellas.

Polvo de Estrellas observo a Vacío Negro levantarse del cuadrilátero, mirando detenidamente a la chica. La oscuridad de su máscara era abrumadora, la falta de facciones humanas junto a sus movimientos casi expertos la hacían ponerse más precavida, no volverá a tocar la lona del cuadrilátero. A menos que sea con ella debajo.

Polvo de Estrellas suspiró mientras cerraba sus ojos, antes de levantar sus defensas con sus brazos. Su mirada era determinante, su pose era impenetrable. ¡Era el momento de demostrarle a la oscuridad que, en la noche más oscura, siempre existirá una estrella dando luz a su alrededor!

El público explotó en gritos de emoción. Estaba completamente loco por el regreso de la peleadora favorita de la gente. Los aplausos y el oír su nombre siendo coreado le daban la confianza necesaria para que se luciera, no debía defraudarlos Polvo de Estrellas. Simplemente sonrió levemente con confianza a su rival.

Vacío Negro respiro profundamente antes de ponerse en defensiva nuevamente. Ambas se miraron fijamente, esperando cada una el momento exacto para atacar. Polvo de Estrellas tomó el liderazgo por lo que corrió hacia ella para colocarle un golpe certero en su rostro, quebrando su equilibrio por un momento, dándole la oportunidad de lanzarle una patada voladora con sus dos piernas, chocando con las cuerdas, evitando a su vez que cayera del cuadrilátero.

La gente gritaba ante el espectáculo estelar de la noche. Polvo de Estrellas corrió hacia las cuerdas contrarias de donde Vacío Negro se encontraba para alentar al público. La emoción del espectáculo lleno a la arena, los gritos, las matracas y las trompetas juntaban un sonido tan fuerte pero tan apasionado que los propios huesos de la peleadora retumbaban con fuerza.

Vacío Negro se soltó las cuerdas rápidamente para caminar al centro del cuadrilátero, seguida por Polvo de Estrellas quien bajo de las cuerdas con un salto y se colocó enfrente de su rival con una sonrisa confiada. Vacío Negro le coloco un fuerte pierrotazo en su pecho, haciendo que el público guardara silencio ante el inicio de una tradición en los enfrentamientos. Polvo de Estrellas se desequilibró un poco antes de regresar con más fuerza el pierrotazo en Vacío Negro.

El público prestaba con concentración a los fuertes azotes que las peleadoras se propiciaban uno tras otro. Vacío Negro golpeaba con inercia a Polvo de Estrellas para que el fuerte sonido se oyera en toda la arena, mientras Polvo de Estrellas contraatacaba con velocidad en un intento de cansarla lo antes posible, sin embargo, una debía ceder. Vacío Negro con un pierrotazo logro debilitar a Polvo de Estrellas quien cayó en su rodilla mientras sostenía su pecho con dolor.

Vacío Negro aprovecho esta oportunidad para levantarla con fuerza de su cabello. Uso su cuerpo como una resortera, lanzándola hacia las cuerdas donde reboto de nuevo a ella, Vacío Negro preparada para su próximo movimiento, levanto su brazo izquierdo para hacerla caer al suelo en el momento que su cuerpo se estrelló con ella.

Polvo de Estrellas volvió a mirar a las estrellas brillando con intensidad. Su respiración era rápida e inestable, su mirada volvía a ser difícil de mantener, incluso su cuerpo tardaba en reaccionar.

-Se acabó.

Vacío Negro simplemente piso a Polvo de Estrellas mientras el público junto al referí comenzaba a contar.

-¡…1!

Polvo de Estrellas intentó moverse, pero nada reaccionaba. No podía acabar así. ¡No podía! ¡Tanto entrenamiento, tanto sacrificio!

-¡…2!

Polvo de Estrellas solo cerró sus ojos ya dándose por vencida, cuando una voz grave pero tierna le llamó.

-¡Citlali!

En ese momento, la figura de un señor en bastón mirándola fijamente se hizo presente.

-Papa…

Citlali aprovecho el descuido de su rival para tomar su pierna en un movimiento rápido, giro su cuerpo rápidamente, atrapándola en “la casita” con una velocidad que tomó desprevenida a Vacío Negro. El referí se sorprendió, pero con velocidad volvió a empezar el conteo junto al público.

-¡…1!

Vacío Negro intento con todas sus fuerzas para liberarse, pero la rodilla en su pecho le impedía moverse.

-¡…2!

Citlali miró a su alrededor, notando a su padre gritando su nombre emocionado. Su sonrisa cubierta por su bigote era lo que más recordaba de él.

-¡…3!

lunes, 6 de enero de 2025

Pánico por el objetivo

 

Cuando el espacio era un vacío de oscuridad. Los seres celestiales crearon a unos sirvientes, llamados “formadores”, los cuales se encargarían de llenar este canvas vacío de luces con el fin de iluminar a los seres que poco a poco comenzaban a aparecer en las piedras gigantes que viajaban entre el universo.

Los seres celestiales les presentaron a cada uno de estos sirvientes un arco brillante de oro. Este arco tenía la capacidad de crear flechas tan brillantes que al chocar contra el firmamento, está implosionaría en su propio brillo y darían paso a la creación de una estrella. Su brillo radiante sería lo suficientemente poderoso para que incluso pasado su tiempo de vida, esas estrellas podrían seguir brillando a lo largo del vasto universo.

 

Esta sería una labor de millones de años, por lo que tomaría generaciones y generaciones de trabajo arduo y esfuerzo para lograr cubrir el firmamento. Con el paso del tiempo, este trabajo demostró ser más difícil de lo esperado. Algunas estrellas no tenían la suficiente fuerza como para soportar vivir lo suficiente, mientras que otras no se volvían estrellas completas, sino meros destellos momentáneos, esto como consecuencia de no haber perforado en una zona correcta del firmamento. Pero, entre estos casos, hubo varios que pudieron trascender entre los formadores. Los más capaces y determinados lograban crear no simplemente una estrella, sino un sol. Una masa tan gigante de luz que podía iluminar una infinidad de planetas por un periodo tan inimaginable de tiempo, que era algo impensable incluso para los seres celestiales. Por lo que, viendo la capacidad de los formadores más habilidosos, a estos soles se les nombró en su honor y sus leyendas transcurrieron incluso el tiempo y el espacio.

 

Uno de estos formadores observaba el firmamento brillar lentamente, su labor era tan agotadora como hermosa. Su precisión debía ser casi perfecta si quería que las estrellas brillaran con la intensidad que requieren los seres celestiales. Y el observar como lentamente su sector se llenaba de un mar de estrellas lo hacía sentirse orgulloso de su trabajo.

 

El formador tomó su arco firmemente y apuntó hacia el oscuro espacio. La flecha comenzó a formarse en el cuerpo de su arma, poco a poco la punta comenzó a volverse más afilada, mientras el astil se hacía cada vez más grueso, ocasionando que su arma pesara cada vez más y su precisión se viera comprometida. El tiempo pareció detenerse por un par de segundos, el formador podía observar un punto brillar a un gran distancia, simplemente ajustar su vista un poco, se dejó llevar por la corriente estelar de su alrededor y soltó la cuerda. La flecha volaba a gran velocidad, dejando tras de sí un rastro luminoso que parecía difuminarse poco a poco ante la distancia. El formador bajó su arco y observó como una bola de fuego se comenzaba a hacer grande, culminando en una pequeña explosión que sacudió levemente donde se encontraba. Había logrado que otra estrella naciera.

 

El formador continuó su trabajo a lo largo del cosmos. Disparaba con confianza y velocidad, dejando un rastro de nuevas estrellas que incluso a los más experimentados dejaba sorprendido, pero a todos dejaba la misma interrogante. ¿Cuándo lograría hacer su primer sol? ¿Siquiera había intentado antes hacer uno?

 

Lo que no sabían ellos era que constantemente intentaba esta proeza, cada día intentaba lograr lo que todos esperaban del, lo que Él esperaba de sí mismo, pero siempre había algo que lo detenía a medio camino, a medio disparo. Siempre había alguien detrás de él que parecía quitarle la confianza que acumulaba cuando preparaba su disparo certero. Su rostro estaba oculto, su rostro se fundía con la oscuridad del espacio que trataba de llenar. Su voz era ronca y parecía infundir una desconfianza cuando aparecía, logrando que incluso en tiros simples donde estrellas normales debían aparecer, se terminaran formando estrellas más pequeñas o incluso que no terminan de nacer.

 

Sus deseos por crear una estrella parecían ser cada vez más lejanos, siempre y cuando la presencia oscura continuará lanzando su influencia en él.

No fue hasta que un par de formadores más experimentados y con ya varios soles detrás de ellos que decidieron hablar con él, revelando una verdad que él parecía ignorar. Todos los formadores tenían detrás de sí una presencia como esa. El vacío del espacio había tomado una forma con el fin de que los formadores dejarán de expandir la luz que tanto detestaban. Pero cada formador debía enfrentarlos si buscaban expandir su potencial, y si este querían lograr crear un sol debía plantarle cara.

 

Decidido, con arco en mano se lanzó a una región donde las estrellas eran pocas. Lo suficiente para que esta presencia se hiciera presente de manera más física. A los ojos del formador no parecía ser más que una simple estela de humo oscuro flotando a su alrededor. Intentó dispararle con sus flechas, pero parecían ser demasiado débiles como para infligirle un daño considerable.

La ronca voz de este ser comenzó a invadir la mente del formador, no parecían tener un sentido, pero lograban desconcentrarlo de la batalla que ejercía. Ocasionando que las flechas que hace momento atrás había logrado rozar a la estela de humo, ahora simplemente fallaban. 

Su mente parecía llenarse de pensamientos para nada beneficiosos o que no tenían relación con lo que estaba sucediendo. A este punto parecía que perdería su habilidad con el arco a costa de este monstruo.

 

La estela se movía cada vez más rápido, estaba rodeándolo con su humo para que el poco paisaje de estrellas comenzará a desaparecer, encerrándolo en la oscuridad de su ser. Poco a poco sentía que se debilitaba más y más, fue aquí, donde decidió tomar una última decisión. 

Levantó su arco y comenzó a cargarlo con el máximo poder posible, cerró sus ojos e intentó dejar de lado todas aquellas voces que llenaban su mente. Se concentró lo mejor que pudo y en el momento en que su arco comenzó a pensar con el poder de la luz, abrió los ojos y todo comenzó a ralentizarse.

A través de la oscuridad, logró divisar un punto brillante tan diminuto que era casi imperceptible, pero que era su única esperanza. Sin dudarlo dos veces, soltó la cuerda de disparo y la flecha pareció viajar a través del ser sin que se percatara. Antes de que el frío de la oscuridad lo atrapara, una calidez que jamás había sentido lo hiciera recobrar las fuerzas poco a poco.

 

Abrió sus ojos lentamente, observando al ser oscuro desintegrarse frente a él, mientras una fuente de luz intensa se encontraba detrás de él. Un gigantesco sol se hacía presente, el sol que él había logrado crear.


viernes, 3 de enero de 2025

El album de la abuela

Mi familia había decidido quedarse en la casa de la abuela para presentar respetos a su reciente muerte, observar las cosas viejas que tenían y recordar esos momentos que ya no volverán. Cuando era más joven solía visitar mucho la casa de mis abuelos. La gentil cara de mi abuelo al recibirme en la entrada de su hogar será un recuerdo al que siempre miraré con cariño, mientras que, el rostro serio de mi abuela cuando me obligaba a tomarme una foto con su vieja cámara en un lugar completamente oscuro.

 

Mi abuelo se le había adelantado hacía años, pero pareció no afectar tanto como la pérdida de la abuela. Era raro, todos parecían tener en un altar a la abuela en todo momento, mientras que a mi abuelo solía reprocharle todos sus errores. Como si el hecho de ser la cabeza de la familia la excluyera de ser digna de recalcarle donde erraba. Puede que mi mente se encuentre algo difusa, hacía años que no los visitaba y lo último que recuerdo fue su rostro indiferente cuando el abuelo partió.

 

Cuando llegamos, todo el ambiente era pesado, de eso no cabía duda, pero el aire tenía algo, picaba con intensidad. Lo que causó que mis padres constantemente se encontraran tosiendo lo que ellos suponían era el polvo como consecuencia de la falta de cuidado. Decidí inspeccionar los pasillos de la vieja casa de concreto tras instalarme, los viejos muebles parecían encontrarse detenidos en el tiempo, decorados religiosos típicos de una familia típica, cruces y vírgenes mostrándose como un símbolo de unión y familia. Algo que mi abuela solía mencionar mucho cuando la visitábamos.

 

Intenté buscar alguna fotografía en el gabinete, incluso alguna simple imagen de la familia o de mi padre, pero para mi sorpresa la ausencia de estas era lo que hacía más ruido en una casa que se encontraba ya callada desde hace dos semanas.

 

Al darme por vencido, comencé a caminar lo que faltaba del pasillo, encontrando el cuarto en el que dormía mi abuela. Su vieja cama aún permanecía completamente tendida, las viejas y olorosas sábanas estaban en su lugar, todo arreglado, al igual que aquella puerta negra siempre cerrada. Pero algo llamó mi atención rápidamente, al centro de su cama, una simple caja de zapatos se hallaba como si nada.

Pareciera que alguien la había encontrado por algún lado de la casa y la olvidó por error en la habitación. Aunque inconscientemente creía que había sido la propia abuela quien la había dejado, como si supiera que su muerte se acercaba. Aleje esos pensamientos de mi mente y me senté en la cama lentamente, cuidando de no deshacer la cama tendida. Abrí con cuidado la tapa vieja y podrida de cartón de la caja de zapatos, siendo sorprendido por un fuerte aroma a podrido. Pude sentir como el vómito viajó con velocidad por toda mi garganta, deteniéndose antes de que pudiera expulsar todo. Poco a poco, el aroma desapareció siendo reemplazado por el recurrente picazón, y frente a mí un álbum de fotos apareció. Parecía estar cubierto de moho, además de estar al borde de quebrarse si no lo movía con cuidado. 

 

Pensé que aquí podría encontrar las fotografías que faltaban alrededor de la casa, al abrir su portada mohosa, me encontré con la primera fotografía. Era una mujer joven, suponía que mi abuela, cargando en sus brazos a un pequeño niño varón. Su rostro parecía ser de felicidad, pero pareciera que se veía obligada a cargarlo, su ceño fruncido lo evidenciaba. Le di vuelta a la página, encontrando del lado izquierdo ahora dos fotografías, en estas estaba el mismo pequeño quien asumió que era mi padre, montado en una bicicleta acompañado de un hombre de edad adulta sonriendo, era mi abuelo de mucho más joven. Ambos sonreían y parecían disfrutar el momento, la calidez del momento me hizo sonreír instintivamente. Sin embargo, aquel recuerdo pareció acabar al mirar a mi padre de pequeño llorando intensamente en la fotografía. No había nadie más, simplemente estaba él intentando ocultar sus lágrimas mientras daba un grito silencioso a mi perspectiva en el tiempo. Debajo de esta, sin embargo, podía verse nuevamente a mi abuela de joven, ahora posando junto a dos sujetos que recordaba vagamente, aunque sus nombres eran un misterio para mí. Era un gran contraste, entre ambas fotografías.

 

Intenté darle vuelta a la página, pero la voz de mi madre llamándome me hizo detenerme. Cerré el álbum y lo coloqué con cuidado en la cama, bajando a cenar.

 

La cena fue incómoda, mi padre parecía querer hablar de sus recuerdos de la infancia, pero pareciera que algo le impedía hacerlo, a mitad de una anécdota comenzaba a perder el hilo de lo que estaba contando hasta llegar al punto de quedarse callado. Mi madre constantemente acariciaba su mano debajo de la mesa, como una forma de relajarlo al hablar. Tras que acabamos de cenar, mis padres nos permitieron levantarnos de la mesa, mi hermano tomó su propio rumbo hacia la sala mientras yo decidí seguir mirando aquellas fotografías.

 

Al entrar a la habitación, el aire por alguna razón comenzó a picar cada vez más, llegando al punto de hacerme estornudar y toser con más frecuencia. Me percaté que el álbum seguía donde lo había dejado, con la diferencia de ver la fotografía de mi padre llorando en el suelo. La recogí con cuidado de no arrugarla y la coloqué a un lado mío mientras tomaba asiento en la cama nuevamente. Tenía unos momentos antes de que la luz natural del sol abandonara la habitación.

 

Abrí el álbum donde lo había dejado, mirando la fotografía de la abuela nuevamente abrazando a esas dos figuras por lo que rápidamente le di la vuelta. Tres fotografías se encontraban entre las hojas. La primera fotografía era mi abuela posando con su mismo rostro serio junto a mi padre ahora mayor, a su lado contrario, mi abuelo abrazaba con una sonrisa en su rostro a mi padre. Contrastando entre ambos su actitud. Debajo de esta, se encontraba la segunda fotografía, en esta mi padre posaba con una chica, ella lo tomaba del brazo y recargaba su cuerpo al de él. Me costó un poco de trabajo, pero la reconocí como mi madre cuando era más joven, ambos parecían no ser mayores a 20 años, parecía ser una simple fotografía de dos jóvenes enamorados, sin embargo, lo que llamaba más la atención eran los constantes rayones que se encontraban sobre el rostro de mi padre y mi madre. Al igual que una breve elevación a lo largo de la fotografía. Saque con cuidado la fotografía de su protección y acaricie con cuidado la zona, se sentía como si alguien hubiera escrito detrás de esta. 

Le di la vuelta a la fotografía, encontrando una simple frase bastante amenazante.

“Eres mi sangre aunque no nos guste”

El mensaje parecía estar dirigido a alguien y aunque no me gustara pensarlo, tal vez se refería a mi padre. Tal vez ocurrió algo que hizo a mi abuelo o abuela haber escrito esto.

 

Sin embargo, lo tétrico de las fotografías no había hecho más que comenzar, al darle vuelta a la siguiente página, únicamente me encontré con un compendio de fotografías de una puerta negra cerrada. Esa misma puerta cerrada de la habitación en donde me encontraba, las consiguientes imágenes continuaban siendo las mismas, página tras página, fotografía tras fotografía, eran simplemente el retrato de la misma puerta negra.

En ese momento, la puerta comenzó a ser azotada desde dentro, gritos de desesperación comenzaron a oírse del otro lado de la puerta. Me levanté de la cama y corrí hacia la puerta, intenté abrirla, pero no algo parecía evitar que girara el picaporte. Los gritos continuaron a hacerse cada vez más desgarradores, las cuerdas vocales comenzaban a deteriorarse cada segundo, volviéndose simplemente ronquidos de ayuda. Los azotes se hicieron más violentos, más fuerza se aplicaba a la puerta en un intento de salir, mi corazón latía de miedo, no sabía que estaba pasando, corrí de regreso a la cama y mire una última vez al álbum.

Ahora únicamente se encontraban dos fotografías, era mi padre encerrado en un cuarto oscuro, sentado en posición fetal. Y a su lado, la última fotografía era de mí, intentando abrir la puerta desde dentro.

 

En ese momento, mi instinto me hizo salir del cuarto de la abuela. Lo que parecía ser la casa de la abuela, había sido reemplazado por una interminable oscuridad, me era difícil orientarme, pero podía distinguir una simple fuente de luz. Era la luz que sobresalía de un pequeño orificio, intente correr hacia ella, pero algo se aferraba a mí, manos me sujetaban de mis piernas y tobillos, intentando frenar mi progreso. Intenté gritar de desesperación, pero no tenía efecto más allá de lastimarme. 

Con todas mis fuerzas, logré llegar hasta la fuente de luz, notando que era el ojo de una puerta. Intenté golpearla para salir del vacío en donde me hallaba, pero no parecía funcionar, mi desesperación comenzó a crecer por lo que grite con todas mis fuerzas en un intento de que alguien me oyera. La picazón en el aire parecía quemar mi nariz y garganta al respirar, quemaba mi voz, me quemaba por dentro.

 

Poco a poco, la luz del ojo de la puerta comenzaba a desvanecerse, pareciera que sería mi fin. 

Hasta el momento en que la puerta se abrió de golpe, mi cuerpo que se encontraba recargado en la puerta cayó con violencia al suelo. Lentamente me levanté del suelo, observando que había vuelto a la habitación de la abuela, aunque alguien más estaba ahí.

Mi padre se encontraba sentado en la cama de la habitación mientras parecía observar algo quemarse. Rápidamente me levanté del suelo y me acerqué a él, percatándome que lo que estaba quemándose era nada menos que el álbum de fotografías. 

Lentamente me acerqué a él y me senté a su lado. Él me miró con su rostro algo melancólico, me sonrió levemente antes de abrazarme.


jueves, 2 de enero de 2025

Un cambio justo

 

Hace muchos años, un hombre se aventuraba a una tierra que le prometía a las personas como él un mejor lugar para desarrollarse, a un difícil costo.

Aquel hombre tuvo que recorrer toda su tierra natal con los pies descalzos y sin protección como una prueba de pureza para los guardianes que protegían la frontera entre ambos mundos.

 

Tras pasar por un frío intenso en las noches y un calor insoportable durante el día, aquel hombre junto a otro grupo de aventureros se presentaban listos para el juicio de los guardianes. Seres míticos con cabeza de águila y cuerpo gigante, portaban armas poderosas en todo momento como señal de poder. 

Uno tras uno, los guardianes juzgaban a los aventureros. Miraban con sus penetrantes ojos a cada uno de ellos, observando los motivos y la voluntad para entrar a su tierra. Aquel hombre esperaba nervioso de pie, escuchaba el silbar de ira de los guardianes a sus compañeros. Señal de desaprobación en la mayoría de los casos. 

 

Finalmente llegó su momento, se presentó frente aquella figura intimidante y observó directamente a sus ojos con seguridad. El guardián miró sorprendido la voluntad de aquel aventurero, creando un interés en él.

El guardián podía observar la vida entera del aventurero, su difícil vida desde niño, llegando hasta su adolescencia en su pueblo natal, terminando en la aparición de tres seres diminutos iguales a él, observando específicamente a una pequeña niña.

Tras que el guardián terminara su evaluación, simplemente silbo con el mismo enojo, continuando con el siguiente sujeto.

El hombre no necesitaba oír otra cosa, su acceso había sido negado. El enojo dentro de él comenzó a crecer, pero al mismo tiempo una determinación que no le impediría cruzar hacia aquella prometida.

Esa noche, tras reunirse nuevamente con aquellos rechazados por los guardianes, idearon un plan para entrar por un medio que nunca nadie había pensado. Nadarían a través del mar entre mundo, el cual funcionaba como frontera entre su mundo y el de ellos. No sería un viaje fácil, ya que, al encontrarse entre el borde de ambos, aquellos viajeros que no lograron cruzar con anterioridad buscarán impedir que otros logren hacerlo. Sin pensarlo dos veces y viendo que la derrota no sería una opción, aquel hombre soltó su mochila, dejó sus cosas en el suelo y entró en la fría agua oscura del mar. Los demás, observando la falta de opciones decidieron seguirlo. Teniendo todos en mente una única regla. No detenerse.

Todos los viajeros se veían reflejados en los cientos de cuerpos que flotaban en el mar, personas como ellos que buscaban algo mejor no solo para ellos, sino para aquellos que no se veían obligados a hacer este viaje. El atravesar aquel mar ya no era solo por ellos, sino por esos cientos de aventureros que perecieron en el intento.

 

Las mareas comenzaban a volverse violentas, junto un espectáculo completamente de luces parecía querer cobrar la vida de aquellos que osaban invadirlo. Un remolino comenzaba a hacerse presente en medio del grupo, intentando arrastrarlos a su fin. Los aventureros se rehusaban a ver su final, pero la curiosidad y el miedo de aquellas luces hizo que unos miraran a estas. El hombre se giró rápidamente, observando a distintos aventureros sucumbiendo a las aguas, aquellas luces al mirarlas causaban que estos se detuvieran en seco, permitiendo que la infinidad de manos los atraparan en las fauces del mar.

 

Analizando la situación, nado de regreso hacia sus compañeros intentando hacerlos entrar en razón, hasta que por error una de estas luces se reflejó en sus ojos. 

Haciéndolo entrar en un trance profundo.

Ya no era actor, sino un espectador de una situación ajena a él. En esta visión simplemente podía observar a dos siluetas familiares sentadas en la barra de un bar, una de estas siluetas humanas vestía un curioso chaleco marrón, sin embargo, su mayor característico era su prominente aura oscura que parecía esconder sus facciones. Aquella figura se levantaba de su asiento con cierta torpeza, caminando pocos centímetros detrás de lo que parecía ser su propio cuerpo sentado. Intentó mantenerse de pie mientras desenredaba de su chaleco lo que parecía ser un arma.

Aquel hombre intentó nadar hacia aquella visión, pero pareciera que no se encontraba con su cuerpo, como si aquello estuviera mostrándole aquel escenario por algo. Poco a poco, lo que suponía que era su cuerpo flotando comenzó a relajarse, no lucho por nada hacía aquella visión o por oxígeno, simplemente se dejó llevar. La visión parecía ya no preocuparle, algo dentro de él parecía haber aceptado sea lo que sea que fuera aquella ventana.

 

De repente, aquel hombre y el resto de los aventureros despertaron en el borde de la marea de la tierra prometida. Su cuerpo completamente mojado y cubierto de una sustancia oscura que pareciera adherirse sobre sus espaldas mojadas, como un recordatorio de lo que acaban de lograr aquella noche.

Pasó el tiempo y el grupo comenzaba a disolverse, la suerte y la fortuna comenzaron a inundar la vida de cada uno de aquellos aventureros, permitiéndoles a cada uno buscar lo que ansiaban en esas tierras prometidas. Algunos encontraban el amor y lograban asentarse en las tierras, otros trabajaron y lograron reunir suficiente dinero como para vivir cómodamente el resto de sus vidas. En el caso del hombre, este había logrado encontrar un trabajo que aceptaba a los que vulgarmente se les conocía como “espaldas oscuras”.

El trabajo era duro y cansado, pero la paga con los minerales más preciados hacía totalmente que aquello valiera la pena. Lo que constantemente invadía la mente de aquel hombre era el recuerdo de sus seres amados que había dejado atrás hace ya meses. 

 

Fue en este periodo de trabajo donde conoció a un sujeto bastante familiar y extraño a su vez. Durante una de sus rutinas de labor manual, el hombre estaba a punto de caer por el peso de los materiales, cuando una silueta rápidamente entró en su rescate. Su rostro era amable y parecía mostrar una compasión por la situación en la que se hallaba, por lo que aceptó ayudarlo en el transporte del material sin importarle si tuviera paga o no. Lo cual era curioso, ya que nadie recordaba el momento en que aquella silueta había llegado al área de trabajo.

 

Había un sentimiento constante de inconformidad por su presencia. Pareciera que no debía estar ahí, no con él, sino en el entorno, no debía estar en el espacio físico. 

Poco a poco comenzaban a salir con más frecuencia, su amistad era conocida entre la comunidad de los “espaldas oscuras” y su compañerismo parecía sobrepasar el área de trabajo. 

 

Tras esto, el hombre habiendo conseguido el dinero y los recursos necesarios para poder dar un mejor hogar en su tierra natal, se dispuso a volver no sin antes ahora poseer un caballo y una carreta en las cuales todas estas pertenencias yacían. Su compañero se había apuntado para el viaje, sirviendo como excusa los canallas que podían aprovecharse de su estado solitario para robarle todas sus riquezas.

El viaje fue largo y agotador, ambos pasaron por muchas amenazas naturales y humanas que parecen dificultar el camino a casa. Pero a pesar de todas estas adversidades, el hombre logró reunirse con su familia una vez más.

El hombre les dio a todos sus regalos, además de platicar todas las travesías por las que atravesó, omitiendo la parte del mar claro está. Sus hijos lo miraban con asombro, su padre había logrado llegar a la tierra prometida, una proeza que pocos podían lograr.

 

Tras que los días pasaran en su tierra natal. Era momento de regresar al trabajo, debía volver a la tierra prometida para seguir trayendo los beneficios a su familia. No sin antes, prometerle a su hija e hijo mayores que la próxima ocasión, este los llevara con él. Ambos hermanos aceptaron con orgullo y emoción.

 

La noche antes de partir, el hombre había entrado a un bar junto a su compañero. Ambos bebían y disfrutaban del placer de estar ahí presentes, el recorrido que había logrado además del futuro que les esperaba. Sin embargo, un aire de inconformidad parecía hacerse presente más y más. El hombre bebía, pero ya no reía. Simplemente dejaba que la silueta hablara, hasta que llegó el punto donde no dijo nada. La silueta se quedó callada ante la actitud del hombre.

-¿Eres tú cierto?

La silueta comenzó a levantarse de su asiento con torpeza, el alcohol en su sistema le había pasado factura. El hombre no hizo nada por detenerlo. No sentía miedo o peligro, tan solo la sensación de oscuridad en su espalda que comenzaba a desaparecer poco a poco.

 

La silueta se colocó detrás de él con torpeza, desenfundo poco a poco su arma y apuntó al hombre. Este no hizo nada, simplemente bebió lo restante de su vaso antes de darse la vuelta y mirar frente a la silueta. La presencia del mar. El costo de haber cruzado el mar.

Solo sonrió confiado de haberlo hecho, su momento había llegado, pero al menos había dejado un precedente para sus hijos en el futuro. Un mejor lugar en donde caer que en el que estaban antes de partir.

 

Se oyó un disparo.

Lo pesado cayó al suelo.

Una figura se desvanecía en el aire como humo, al igual que un peso en la espalda de un cuerpo inerte.

Un cambio justo.


martes, 31 de diciembre de 2024

odio a estefanía

Una simple luz iluminaba lo que parecía ser a simple vista un cuarto sin salida. En el centro podía observarse una figura sentada en una vieja silla de madera, atada de manos y con la cabeza apuntando hacia el suelo.

Dio un ligero paso hacia la luz antes de mirar desconcertada a su alrededor. No parecía haber algo más allá de ellos dos. Observó nuevamente a la figura, percatándose de su ropa. Un simple abrigo de tela beige junto a unos pantalones de mezclilla oscuros, sus pies carecían de calzado por lo que sus pies tocaban el sucio suelo de concreto húmedo.


La figura parecía despertar de un sueño infligido. La respiración relajada se hacía presente en su torso junto a leves movimientos de sus brazos, aún no estaba consciente de la situación en la que se encontraba. Simplemente, podía observar como el conocimiento llegaba a una figura tan alejada para ella. El oscuro cabello alborotado que ocultaba el rostro de la figura se acomodó de una forma en la que era visible sus facciones, en este caso, la falta de las mismas.

Su rostro parecía intentar asimilar el color de piel morena que ella poseía, pero no había nada más que el mero intento de imitación. La piel invadía como una capa el rostro, ocultando los principios del rostro humano. No ojos, ni boca, ni nariz, simplemente el mero intento de imitar algo, de imitarla a ella.

La patética criatura parecía reaccionar a su falta de fisonomía, parecía querer gritar, pero el espacio donde se suponía que debía estar su patética boca estaba vacío, solo parecía inflarse y desinflarse.

Ella podía asumir que el respirar para esa criatura era similar a tener una bolsa en tu cabeza, la capa de plástico entrando a tu boca y nariz, creando un bloqueo artificial al oxígeno tan valioso. Ahogándote en algo tan estúpido y común. Aunque, el constante palpitar de la sangre en su cuerpo daba a entender que no solo podía respirar sino que también estaba ahogándose con lo que sea que tenía dentro de sí.


Levantó levemente su labio, sintiendo el piercing en su nariz. El metal quirúrgico parecía ser indicio de lo que iba a pasar a continuación. A su derecha, una mesa de operación pareció moverse hacia la criatura desde el infinito que era la oscuridad que rodeaba a la fuente de visibilidad. Intentó girar su rostro para buscar a otra criatura o tan siquiera algo mínimamente humano, pero su visión era succionada por el vacío cuando apartaba su vista de la luz.

Se acercó a la mesa de operación, encontrándose con un martillo, colocado cuidadosamente sobre un pañuelo verde. Levantó su mirada hacia la criatura, percatándose de los mechones verdes que se encontraban a los costados de su rostro, antes de regresar su mirada al martillo.

Con cuidado, levantó el martillo de la mesa, analizándolo por un breve momento. No tenía un uso destacable, incluso la cabeza estaba lo suficientemente limpia como para mostrar levemente su silueta. Su piel morena podía observarse levemente, pero lo que llamó verdaderamente su atención, más allá de todo, era el grabado que tenía del costado derecho. 

“Sé”

Grabado de una manera bastante rústica.

Continuó analizando el martillo hasta que la figura la obligó a volverle a prestar su atención. Parecía desesperada, intentaba liberarse de sus ataduras y el constante flujo de sus líquidos internos comenzaba a invadir su inconsciente. Su carencia de emoción no hacía más que crearle un sentimiento de incomodidad creciente.

Parecía querer gritar, pero al intentar modular siquiera algo elegible, su garganta era invadida por sus fluidos, llevándola a un sufrimiento casi perpetuo. El escuchar todo el momento como algo se ahoga, la estaba llevando a un límite.


Volvió a mirar el martillo, ¿sería acaso una bendición si la sacaba de su sufrimiento? Eso intento decirse a sí misma, mientras movía uno de los mechones del rostro de la figura. No, algo dentro de ella sabía que quería hacer esto hace mucho tiempo. La molestia en las cortadas de su muñeca ya no era incómoda. Los fluidos moviéndose en esa capa de carne se reemplazaron por el latir veloz y violento que su corazón reflejaba. 

Levantó el martillo por un momento y la miró. Aquellas facciones faltantes ya estaban presentes en la figura, al oír las cuerdas vocales de la figur-

La cara del martillo golpeó la mandíbula de Estefanía. A través del mango pudo sentir como el hueso de su mandíbula rebota con el martillo, no lo suficientemente fuerte para quebrarla, pero sí para dislocarla de su lugar.

La sangre empezó a gotear de su labio. Intentó dar otro grito de dolor, pero nuevamente el impacto la hizo callar, no era profesional o tenía experiencia con los martillos y era demostrado en la forma algo torpe en la que impacta el metal con sus huesos, parecían traer más dolor que paz. Rápidamente, propició otro golpe ahora en su cabeza, principalmente en la parte parietal de su cráneo. 

No estaba segura, pero era posible que pudiera crearle una contusión. Miró al rostro de la figura, observando la sangre gotear de su nariz y boca, junto a su oscuro cabello ahora se encontraba cubierto de su sangre.

No perdió más el tiempo y comenzó a golpear cada vez más rápido su cráneo, cada rebote con su cabeza parecía sentir como su materia gris sufría dentro de la figura. Su rostro pasó de dolor intenso mientras lágrimas caían de sus ojos a simplemente perecer de toda emoción. La habitación silenciosa ahora era llenada con la carne machacada por el martillo.

Estefanía gritaba de furia a cada golpe que daba. Sus ojos se fruncían más y más, mientras sus golpes se llenaban de fuerza al igual que de torpeza. El dolor por el impacto ya no solo lo compartía el cuerpo ya inerte, sino también la mano que sujetaba el martillo.

Odiaba mirar su rostro, odiaba oírla gritar, odiaba su estúpido cabello, odiaba su estúpida ropa, odia las decisiones que había tomado, odiaba ver en lo que se había convertido, odiaba ver como el martillo le destruía su rostro, odiaba tenerle compasión, odiaba tener que hacerlo, odiaba no haberlo hecho antes, odiaba a Estefanía, Estefanía odiaba a Estefanía.